El papa León XIV elogió el sábado al mate, la infusión adorada por los uruguayos, y llamó en Paysandú a «construir puentes» y «transmitir la alegría de la fe» en su primera misa en Uruguay, el país más laico de América Latina.
El jefe de la Iglesia católica, que inició en Uruguay una intensa gira de 12 días por Sudamérica tres semanas después de ser operado de un cáncer de pulmón, habló de tres símbolos de la región «que pueden ayudarnos a reflexionar sobre el tesoro de la fe».
«El primero es el puente, el segundo los palmares y el tercero el mate», dijo en perfecto español León XIV, de 71 años, en el parque París Londres de esta ciudad del noroeste uruguayo, separada de la argentina Colón por un puente de dos kilómetros sobre el río Uruguay.
El pontífice llamó a «construir puentes, estrechar lazos, unir, comunicar» y a transmitir la fe «a las futuras generaciones con valentía creativa» frente a una multitud que las autoridades estimaron en 40.000 personas.
Solo 35% de la población uruguaya se declara católica, según un sondeo de 2026 de Latinobarómetro, que ubica a Uruguay en el lugar más bajo de la región. Paraguay y México lideran la tabla con 82% y 69% de católicos.
– «¡También a Roma ha llegado el mate!» –
«Necesitamos estar bien preparados para dar razones de nuestra fe a todo el que nos lo pida y no dejarnos arrastrar por cualquier clase de doctrinas extrañas», pidió León XIV a los fieles que ignoraron la llovizna de la madrugada y se instalaron en este sábado nublado en el parque con sillas playeras, impermeables y mate, la tradicional infusión uruguaya.
El mate «nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan», dijo el papa. «Es signo de integración, de acogida y de valores comunes».
«¡También hsata a Roma ha llegado el mate!», exclamó en un momento de improvisación de su homilía, y arrancó risas entre la multitud.
«Esto es una experiencia única, es difícil de explicar, se siente una cosa hermosa. Y si llueve, acá estamos», dijo Adela Giles, de 56 años, que viajó 50 km para ver al papa con su madre de 81.
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Pegada a las vallas para ver pasar el papamóvil, Alicia Arauco agitaba entusiasmada una bandera argentina. Viajó desde la vecina Concordia y pasó la noche en el parque. «Vine a Salto cuando vino Juan Pablo II (en 1988). Tenía 21 años. Ahora traje a mi hijo, que también tiene 21 años», contó.
El discurso de León XIV el viernes en Montevideo, apenas llegado al país, también destacó la importancia de apoyar a aquellos cuyo sufrimiento físico o mental no puede ser aliviado.
Sin referirse específicamente a la eutanasia, que fue legalizada en Uruguay el año pasado, Léon XIV llamó a «procurar que cada persona pueda vivir con dignidad, recibir los cuidados que necesita y ser acompañada hasta el término natural de su vida».
La decisión de Uruguay de legalizar el suicidio asistido fue ferozmente combatida por la Iglesia católica.
El papa regresará a Montevideo esta tarde e irá al humilde barrio de Casavalle, que tiene la mayor tasa de homicidios de la capital, a la Universidad Católica y al histórico estadio Centenario, donde liderará una vigilia de oración para 60.000 personas.
El domingo viajará a la ciudad uruguaya de Florida y luego a Argentina, la patria de su predecesor, Francisco, quien decepcionó a muchos argentinos al no regresar de visita durante su pontificado.
El viaje de 12 días por 11 ciudades de Uruguay, Argentina y Perú es una de las giras papales más intensas de las últimas décadas.
La parte final en Perú y sobre todo en la ciudad de Chiclayo se anuncia especialmente emotiva. El primer papa nacido en Estados Unidos pasó casi dos décadas allí como misionero, donde forjó un profundo vínculo con la región y obtuvo la ciudadanía peruana.
