Los psicobióticos pueden desempeñar un papel de contribución dentro de un abordaje más integral de los pacientes con estrés y ansiedad

Anuario iSanidad 2025
Dras. Cristina Ramírez Salazar y Sara Martín Bravo, psicólogas en HM Hospitales
En un contexto marcado por el aumento sostenido de los trastornos de estrés y ansiedad, el abordaje clínico de estos pacientes avanza hacia modelos cada vez más integrales y basados en la evidencia.

En esta entrevista con el apoyo de Farmasierra, las doctoras Cristina Ramírez Salazar y Sara Martín Bravo, psicólogas en HM Hospitales, analizan la evolución del manejo terapéutico desde la coordinación entre psiquiatría y psicología, el papel creciente de la psicoterapia y los principales retos asistenciales.

Además, profundizan en la evidencia emergente sobre los psicobióticos y su posible contribución dentro de una visión biopsicosocial que incorpora la salud intestinal al cuidado de la salud mental.

¿Cómo es el manejo actual que se hace de los casos de estrés y ansiedad desde la consulta de psiquiatría y cómo diría que ha evolucionado?
Como psicólogas, observamos que la gestión del estrés y la ansiedad ha experimentado una transformación profunda en los últimos años, alejándose de una visión puramente sintomática para adoptar un enfoque integral y basado en la evidencia.

La evolución ha sido clara, si antes el tratamiento tendía a depender en gran medida de la farmacología (principalmente benzodiacepinas para el alivio rápido), hoy la psicoterapia es la primera línea de acción.

«La gestión del estrés y la ansiedad ha experimentado una transformación profunda en los últimos años adoptando un enfoque integral y basado en la evidencia»

Trabajamos mano a mano con la psiquiatría, donde el rol del psiquiatra es crucial para la estabilización química en casos severos (usando ISRS y otros fármacos de mantenimiento), mientras que el rol de psicólogo se centra en la modificación del comportamiento y el pensamiento. El objetivo ya no es solo suprimir el síntoma, sino enseñar al paciente a readquirir el control sobre su sistema de alarma.

En definitiva, el manejo actual es una estrategia combinada que busca, por un lado, la estabilización (farmacología) y, por otro, la capacitación del paciente para que desarrolle herramientas duraderas que le permitan gestionar el estrés y la ansiedad en su vida diaria.

En los últimos años, ¿han observado un incremento de los casos de estrés y ansiedad que se les derivan desde atención primaria? ¿Cuáles son las causas más frecuentes detrás de estos casos?
En los últimos años sí hemos observado un incremento claro de los casos de estrés y ansiedad que llegan derivados desde atención primaria. Esto se debe, por un lado, a una mayor sensibilización de la población respecto a la salud mental, lo que hace que más personas consulten, pero también a un aumento real de los factores estresores en la vida cotidiana.

Las causas más frecuentes suelen estar relacionadas con la sobrecarga laboral, la inestabilidad económica, los problemas familiares o de pareja y el impacto emocional que aún arrastra parte de la población tras la pandemia.

«El objetivo ya no es solo suprimir el síntoma, sino enseñar al paciente a readquirir el control sobre su sistema de alarma»

También vemos muchos casos vinculados al uso intensivo de tecnología, dificultades para conciliar y estilos de vida muy acelerados que favorecen el agotamiento. En general, los pacientes llegan con la sensación de no poder sostener el ritmo y de haber perdido sus estrategias habituales de afrontamiento.

¿Qué evidencia científica hay sobre los probióticos como los psicobióticos al control de la sintomatología asociada al estrés y la ansiedad? ¿Cuentan con datos o experiencias sobre su efecto en vida real?
La investigación sobre el papel de los probióticos y en concreto de los llamados psicobióticos en la regulación del estrés y la ansiedad ha crecido de forma significativa y ofrece resultados prometedores, aunque todavía no concluyentes.

Algunos estudios muestran mejoras moderadas en síntomas ansiosos o en marcadores biológicos de estrés, mientras que otros no encuentran diferencias claras frente al placebo. Esto se explica porque las investigaciones utilizan cepas, dosis y duraciones muy distintas, lo que dificulta establecer conclusiones firmes.

«Los psicobióticos se entienden mejor como una herramienta complementaria dentro de un abordaje integral»

En nuestra práctica clínica sí observamos que algunas personas refieren sentirse mejor cuando incorporan probióticos o prestan más atención a su salud digestiva, especialmente si también presentan malestar gastrointestinal.

Aun así, no es un efecto universal ni directo, y no puede considerarse un tratamiento principal. Por ahora, los psicobióticos se entienden mejor como una herramienta complementaria dentro de un abordaje integral que incluya psicoterapia, hábitos de vida saludables y, cuando corresponde, apoyo médico.

¿De qué manera actúan estos productos sobre el eje intestino-cerebro y qué beneficios concretos pueden reportar a aquellas personas con ansiedad y estrés que los tomen? ¿Qué papel pueden jugar en el marco de un abordaje integral a personas con esta sintomatología?
La microbiota intestinal tiene una participación en la regulación del sistema nervioso central, influyendo en los procesos implicados en la respuesta al estrés y a la ansiedad. Los psicobióticos actúan a través de la modulación del eje intestino-cerebro, fundamentalmente un sistema de comunicación bidireccional que integra vías neuronales, endocrinas, inmunológicas y metabólicas.

«La microbiota intestinal tiene una participación en la regulación del sistema nervioso central»

Las investigaciones actuales señalan dos mecanismos relevantes desde el punto de vista fisiopatológico, que describen la posible actuación de estos productos: la modulación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, con una posible reducción de la hiperactivación asociada al estrés crónico; la regulación de la respuesta inflamatoria sistémica, disminuyendo citocinas proinflamatorias que se asocian a sintomatología ansioso-depresiva; y la producción de metabolitos microbianos que influyen en la permeabilidad intestinal y en la señalización neuroinmune.

Además de determinadas cepas bacterianas que pueden intervenir en la disponibilidad de neurotransmisores como la serotonina o el GABA, implicados directamente en la regulación emocional.

Los beneficios observados son modestos, pero pueden ser potencialmente relevantes en personas con ansiedad o estrés leve-moderado. No suponen un efecto inmediato ni homogéneo, sino un apoyo gradual que parece funcionar mejor en determinados tipos de pacientes, funcionando especialmente en la reducción del estrés percibido, la atenuación, en algunos casos, de síntomas somáticos, especialmente los gastrointestinales y la mejora del bienestar emocional.

Los psicobióticos pueden desempeñar un papel de contribución dentro de un abordaje más integral de los pacientes con estrés y ansiedad, complementando a la psicoterapia y la intervención psicofarmacológica cuando está indicada.

El valor de este abordaje reside en ampliar la mirada biopsicosocial del tratamiento, incorporando la salud intestinal como un factor más implicado, sin sustituir en ningún caso las intervenciones de primera línea.

«El valor de este abordaje reside en ampliar la mirada biopsicosocial del tratamiento sin sustituir en ningún caso las intervenciones de primera línea»

¿Qué consideraciones han de tenerse en cuenta desde la consulta de psiquiatría a la hora de recomendar psicobióticos a los pacientes?
Desde la consulta de psiquiatría, la recomendación de psicobióticos debe hacerse con criterio clínico y cautela, teniendo en cuenta varias consideraciones fundamentales. Debe valorarse el perfil del paciente, siendo potencialmente más indicados en casos de ansiedad leve o moderada, estrés crónico o pacientes con sintomatología gastrointestinal asociada.

Considerando el contexto global y terapéutico en el que se encuentra el paciente: psicoterapia en curso, tratamiento farmacológico, estilo de vida y nivel de adherencia.

Otro aspecto clave es la selección del producto, ya que no todos los probióticos son equivalentes. La evidencia disponible se basa en cepas específicas y combinaciones concretas, por lo que conviene priorizar formulaciones con respaldo científico, dosis adecuadas y una duración de uso claramente definida.

Y desde el punto de vista ético y psicoeducativo es importante transmitir al paciente que la evidencia científica actual respalda su uso como complemento. Explicando al paciente que la regulación del estrés y la ansiedad depende de múltiples factores y que los psicobióticos, por sí solos, no sustituyen el trabajo terapéutico ni las intervenciones médicas indicadas. Asimismo, es necesario informar sobre la variabilidad de la respuesta individual y evitar generar expectativas poco realistas.

«Desde el punto de vista ético y psicoeducativo es importante transmitir al paciente que la evidencia científica actual respalda su uso como complemento»

Hoy en día, ¿cuáles cree que son los principales desafíos existentes en cuanto al manejo de los cuadros de ansiedad y estrés, tanto desde la psiquiatría, como en coordinación con otras especialidades como la atención primaria?
El principal desafío actual en el manejo de estos cuadros clínicos es el incremento sostenido de la demanda asistencial, esto dificulta la atención personalizada y continuada, favoreciendo el uso de abordajes terapéuticos centrados en el síntoma y la prescripción rápida, en detrimento de intervenciones más integrales.

Otros importantes retos son conseguir la coordinación entre niveles asistenciales, una detección precoz y la adecuada derivación, todavía es frecuente que lleguen a las consultas especializadas en fases avanzadas y con una sintomatología más cronificada. Se debe perseguir integrar de forma efectiva el modelo biopsicosocial en la práctica clínica real.

Y finalmente, en relación con estos nuevos avances con el uso de los psicobióticos, el reto es trasladar toda esta evidencia científica emergente a la práctica clínica de forma rigurosa. El futuro del manejo del estrés y la ansiedad, además de otros cuadros psicopatológicos, pasa por una mayor coordinación interdisciplinar, una atención centrada en la persona y un uso crítico, ético e informado de nuevas estrategias terapéuticas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *