Luis de Haro. Director general de iSanidad
Mónica García ha pasado de animar a los médicos a ir a la huelga a acusarles de tener a los pacientes como rehenes de los médicos. Pero juzgar a la ministra de Sanidad bajo el prisma de la contradicción es no entender la naturaleza del poder. Ella no es rehén de sus palabras de 2022; simplemente ha comprendido que cambiar de opinión es la excusa de quien quiere estar en el poder. Es innegable que ahora ha dado un giro de 180 grados. En 2022, frente a la gestión de Isabel Díaz Ayuso, las huelgas eran para Mónica García el «último recurso legítimo» de unos profesionales exhaustos. Hoy, desde el Ministerio, esos mismos movimientos los describe como situaciones donde los pacientes son rehenes de los médicos.
Mónica García acusa a los médicos de hacer rehenes a los pacientes como parte del teatro político
La realidad es que el cambio de discurso no es hipocresía, en la realpolitik, es adaptabilidad. Ser coherente es un lujo que un gestor público no siempre puede permitirse. La Mónica García de 2022 intentaba utilizar la empatía del estetoscopio; la ministra de 2026 habla desde el interés en que se vea que afronta los problemas importantes para los médicos. El resultado es la contradicción y lo que parece es una pantomima.
La coherencia es un grado que se gana con los años, pero la eficacia se gana con el pragmatismo. En 2022 el interés era señalar la grieta en la gestión madrileña y la huelga era la prueba del algodón del fracaso, en 2026 el interés es la estabilidad del sistema nacional. La huelga es ahora un obstáculo para García. Debe desactivarla incluso mediante el uso de una retórica tan dura como acusar a los médicos de utilizar a los pacientes como rehenes.
Mónica García está demostrando que posee un interés político lo suficientemente grueso como para ignorar el eco de sus propias declaraciones pasadas. No es que haya olvidado lo que pensaba cuando era jefa de la oposición en Madrid; es que ha decidido que sus palabras de ayer no pueden ser las cadenas de hoy.
Mónica García ha decidido que sus palabras de ayer no justifican su discurso de hoy
Culpar a las comunidades autónomas de los malestares médicos mientras se pide a los sindicatos que abandonen el conflicto es un movimiento estratégico clásico. Al desplazar la responsabilidad y elevar el tono sobre el impacto en los pacientes, la ministra solo busca proteger su discurso y su actividad.
Mónica García está acusando a los médicos de hacer rehenes a los pacientes no porque sea incoherente o por error, lo hace por necesidad política. En un entorno tan volátil como el actual, la capacidad de moldear el discurso en función de los intereses del momento no es un defecto, sino una competencia necesaria para sobrevivir en la primera línea. Al final del día, los políticos no rinden cuentas ante su pasado, sino ante los resultados de su presente. Para obtener resultados, Mónica García está dejando de ser «médica y madre» para ser solamente «ministra».

