Cada persona tiene y es un relato construido por sí misma y, especialmente, por los demás. En ese sentido, en los últimos días, muchos se han preguntado quién es Nadia Beller y para eso hay que prestar atención al relato público que se hace de ella, la disputa que existe al respecto y las motivaciones para ello.
Nadia Beller recibió tres balazos hace una semana y sobrevivió. Ella acusó del atentado a su pareja sentimental Fernando Cerimedo y destapó a este personaje turbio y oscuro que en Bolivia ha estado muy vinculado al gobierno de Rodrigo Paz y a su familia; que, además, tiene actividades en toda Latinoamérica relacionadas con el control del poder político de la derecha y el control de la información digital. En Bolivia, las acusaciones de Beller sacaron a luz una serie de escándalos de corrupción millonarios que se están investigando. Todo esto provocó una respuesta mediática que se centró en él, pero también la ha puesto a ella en el foco y desde diversos ángulos, no sólo por el atentado, sino también por su pasado.
Se la ha mencionado como activista, abogada, candidata política, analista, operadora, amante, una especie de espía, mujer cercana a círculos de poder tanto de izquierda como de derecha e incluso extrema derecha, por ello figura muy polémica, además de víctima de un atentado y, más recientemente, denunciante de hechos que involucran a personas de alta exposición política. Es un personaje muy complejo que pasó de circular en espacios del poder, y seguramente beneficiarse, a convertirse en alguien que (al parecer para salvar su vida) ha puesto al poder bajo escrutinio.
Desde la perspectiva feminista, Joan Scott nos enseñó que el género es una forma fundamental de organizar el poder en las relaciones sociales; en tanto que Sherry Ortner permite que nos preguntemos: ¿qué capacidad de agencia tiene una mujer cuando se mueve dentro de estructuras que siguen siendo predominantemente masculinas, como las bolivianas?
Beller es interesante porque no encaja fácilmente en la imagen de una mujer pasiva frente al poder. Es alguien que muy joven aprendió a moverse hábilmente dentro de redes políticas, personales y mediáticas, a establecer relaciones (a veces íntimas) adecuadas y a ocupar espacios clave de acceso a la información, en unos casos visibles y en otros en las sombras. Es posible juzgarla por su trayectoria política muy sinuosa; también se podría decir que ella, más allá de “cambiar de bando”, mostró una capacidad de transitar entre espacios políticos diferentes en contextos sociales complejos. En todo caso, ese su poder de agencia, que puede gustar o no, no justifica de ninguna manera la violencia que evidentemente ha sufrido.
Aquí se observa una paradora: en el feminismo se quiere mujeres con capacidad de decisión, pero cuando una mujer con poder o ambición es víctima de violencia, esa misma capacidad puede utilizarse para poner en duda su condición de víctima. En medios políticos y periodísticos (que a veces son difíciles de separar) se siembra esa duda.
Es que la “buena víctima” suele ser imaginada como vulnerable, inocente, ajena al poder, sin contradicciones y, sobre todo, moralmente irreprochable. Beller definitivamente no encaja en ese molde. De las mujeres se juzga su apariencia, su sexualidad, sus relaciones, su comportamiento y hasta la manera “correcta” de ser víctima.
El relato sobre las personas se construye con las palabras, por eso, no es igual decir que una mujer “denunció” que decir que “fue vinculada”; no es lo mismo describirla como “analista política” que como “pareja de”; no se ve igual a una “sobreviviente” que a una “mujer polémica”.
Teresa de Lauretis nos recuerda que los discursos culturales no solamente representan a las mujeres, sino que contribuyen a producir aquello que una sociedad entiende por mujer. En ese sentido, Beller es un ejemplo ideal para pensar en la representación femenina del poder y para eso podemos preguntarnos:
¿Cómo la describen? ¿Qué lugar ocupan sus relaciones personales en esas descripciones? ¿Qué imágenes de ella se eligen? ¿Qué adjetivos se repiten? ¿Qué aspectos de su trayectoria se destacan y cuáles no?; pero también: ¿Quién lo dice y qué motivación tiene? ¿Hay detrás una postura (moral, machista, política…)? ¿A quién afecta lo que ella dice y hace?
Las denuncias que Beller hace deben ser probadas; aunque, por los informes oficiales, lo cierto es que le dispararon y es evidente que los motivos van mucho más allá de las relaciones amorosas. Hay una disputa por el relato sobre ella porque afecta al poder.
