Anuario iSanidadental 2025
Dr. Ignacio García-Morís García, presidente del Colegio Oficial de Dentistas de Baleares (CODB)
Se acerca 2026 y, con él, un montón de desafíos para los dentistas. No se trata sólo de adaptarse a las nuevas tecnologías o de regular las especialidades, sino de replantear el papel del dentista dentro del sistema sanitario. La odontología vive un momento de cambio.


El reto está en evolucionar sin perder humanidad. Entre los grandes temas que marcarán los próximos años, quisiera destacar cuatro: la regulación de las especialidades odontológicas; el dentista en el ámbito hospitalario; la integración de la tecnología en la práctica clínica, y el papel del dentista en la armonización orofacial. Son cuatro retos diferentes, pero profundamente conectados, que definirán hacia dónde evoluciona la profesión.
Especialización: avanzar sin excluir
El reconocimiento de las especialidades odontológicas es uno de los temas pendientes más importantes para la profesión. España ha sido durante años una excepción en Europa y parece que, por fin, estamos dando pasos para homologarnos al resto de países.


Ahora bien, debemos evitar que este proceso derive en un modelo excluyente. La especialización debe servir para reconocer la excelencia, no para limitar el ejercicio. Nuestra profesión es diversa y está llena de dentistas que, gracias a la formación continua y a la experiencia clínica, han alcanzado una alta cualificación sin necesidad de un título oficial. El futuro debe pasar por un sistema flexible, que premie la capacitación y la actualización, pero que no divida a la profesión. La odontología necesita especialistas, sí, pero también libertad y pluralidad.
El futuro de la especialidad odontológica debe pasar por un sistema flexible, que premie la capacitación y la actualización, pero que no divida a la profesión
El dentista en el hospital: una asignatura pendiente
Uno de los retos más importantes, y menos comentados, para los próximos años es la integración real del dentista en el entorno hospitalario. A pesar de que las enfermedades orales están estrechamente ligadas a la salud general, el dentista sigue siendo, en la mayoría de los casos, un profesional del ámbito privado y la presencia en la red pública es, principalmente, en el área de atención primaria, sin presencia estable en los hospitales.
Esta situación limita la atención a pacientes con patologías complejas y empobrece la visión integral de la salud. Es evidente que los enfermos oncológicos, los cardiópatas, las personas con discapacidad o los pacientes inmunodeprimidos necesitan la colaboración de un odontólogo dentro del equipo médico.
Contar con dentistas hospitalarios permitiría prevenir complicaciones, mejorar la calidad de vida y optimizar los recursos sanitarios. Incorporar nuestra figura al ámbito hospitalario no debería verse como un privilegio profesional, sino como un paso lógico hacia una medicina verdaderamente global e interdisciplinar.
Contar con dentistas hospitalarios permitiría prevenir complicaciones, mejorar la calidad de vida y optimizar los recursos sanitarios
Tecnología: innovación con criterio
En paralelo, la transformación tecnológica de las clínicas continúa avanzando a gran velocidad. Escáneres intraorales, planificación digital, impresión 3D o inteligencia artificial ya forman parte del día a día de muchos odontólogos. Estas herramientas mejoran la precisión, la eficiencia y la experiencia del paciente.
Sin embargo, la tecnología no puede convertirse en un fin en sí misma. Digitalizar no significa deshumanizar. La necesidad de mantener el criterio clínico, la formación continua y la inversión económica son aspectos que no debemos descuidar. La clave para 2026 será integrar la innovación sin perder el sentido clínico.
Armonización orofacial: una evolución natural
La armonización orofacial se ha consolidado como una extensión natural de la odontología estética. Cada vez más pacientes buscan una sonrisa que encaje con el resto del rostro, y el odontólogo, por su conocimiento anatómico y funcional, es el profesional idóneo para abordar este tipo de tratamientos.
No obstante, esta nueva área exige responsabilidad y formación específica. No se trata de convertir las clínicas en centros de estética, sino de ofrecer un enfoque médico y equilibrado, que respete la función y la naturalidad. La armonización, bien entendida, no resta identidad a la odontología: la amplía.
La odontología española tiene ante sí la oportunidad de crecer, no solo como una disciplina técnica, sino como una profesión sanitaria esencial para la salud general de la población. Y ese camino, como siempre, dependerá de nosotros: de nuestra capacidad de formarnos, de adaptarnos y de seguir poniendo al paciente en el centro de todo.


