Dr. Juan Carlos Argüelles, catedrático de Microbiología de la Universidad de Murcia
Estamos acostumbrados a examinar la biografía de personas ilustres como una mera enumeración de datos impersonales que conforman frías hojas de servicios. No es lo que encontrará usted, amable lector, si realiza el acto mágico de abrir “Sin piedras no hay arco. La ilusión de crear, la emoción de descubrir” y bucear en la trayectoria humana y profesional del Prof. Antonio G. García. Desde los comienzos su escritura desborda pasión y entusiasmo; con primorosa sencillez nos describe su infancia, los duros trabajos en la huerta, las correrías con otros niños, los primeros maestros que le inculcaron la luz del conocimiento, el duro trabajo cotidiano necesario para garantizar el sustento familiar, y luego el privilegio de cursar estudios. No faltan las anécdotas deliciosas, como la bicicleta compartida para ir a clase en el instituto, o la tradición huertana de los motes —mis vecinos de piso eran Los Penchos; Fulgencio es nombre común en Murcia—. Pese a sus inclinaciones religiosas y musicales, la Providencia llevó al Prof. García por otros caminos, quizá afortunadamente.
Sin embargo, es preciso resaltar ciertas cualidades esenciales, sin las cuáles no se puede explicar la brillante trayectoria científica, universitaria y humana desarrollada por el Prof. García, a saber: valentía y coraje al dejar con tristeza la familia y el terruño, para marcharse a Madrid con medios escasos y en condiciones difíciles. Su férrea voluntad y sus ansias de saber, que le llevaron a explorar cualquier faceta de interés en la Medicina. Su inteligencia para rodearse de mentes preclaras, destacando el influjo del Prof. T. Hernando, figura señera que le hizo decantarse hacia la Farmacología. Casi como corolario ineludible, su elección decisiva del laboratorio dirigido por el Prof. Furchgott, aunque él decidiera ser supervisado directamente por S. Kirpekar.
Es preciso resaltar ciertas cualidades esenciales, sin las que no se puede explicar la brillante trayectoria científica, universitaria y humana del Prof. García: valentía y coraje para dejar la tierra; férrea voluntad y ansias de saber; e inteligencia para rodearse de mentes preclaras

Dedica el Prof. García la parte central del libro a toda su ingente labor docente, investigadora y formadora de nuevos farmacólogos, brillantes y preparados; unas páginas redactadas con la misma sensibilidad, calor y aroma poético que impregnan todo el texto. La investigación ejercida con rigor y precisión, los brillantes resultados experimentales que resuelven desafíos y abren nuevas vías terapéuticas, la emoción íntima al desvelar enigmas ocultos. Por ello y sin dudarlo, me atrevo a recomendar de modo especial “Sin piedras no hay arco” (disponible en Amazon y en la página web de la Fundación Teófilo Hernando) a los jóvenes estudiantes reticentes a embarcarse en esta aventura apasionante y a veces frustrante de la ciencia.
El Prof. García les regala un manual de esfuerzo, lucha e inteligencia para saber tomar decisiones; y aunque la terrible sentencia: “Investigar en España es llorar” es una losa que todavía nos lastra, el ejemplo de su vida y su obra demuestra que siempre hay luz al final del túnel. Y cómo no, también nos ilustra acerca del singular periplo universitario que es preciso recorrer en España antes de hallar tu sitio definitivo (Valladolid, Bilbao, Alicante, Madrid por dos veces), así como los centros que le han permitido proyectar sus saberes y experiencia a las nuevas generaciones que van a continuar su tarea.


Dedica el Prof. García la parte central del libro a toda su ingente labor docente, investigadora y formadora de nuevos farmacólogos. A la investigación ejercida con rigor y precisión, los brillantes resultados experimentales que resuelven desafíos y abren nuevas vías terapéuticas, la emoción íntima al desvelar enigmas ocultos
El Prof. García ha recorrido un largo y fructífero camino desde que partiera de su Molina natal, y no deberíamos olvidar que el éxito está en el camino y no en la meta. Fiel a su personalidad humilde y a sus raíces huertanas, se muestra recatado con los premios, reconocimientos y homenajes que ha recibido. Todos han sido más que merecidos, pero es plenamente sincero cuando afirma que su mayor recompensa proviene del aprecio y admiración que le profesan tantos discípulos como han pasado por sus manos, recibiendo no sólo formación científica, sino lecciones esenciales de vida. Por eso, aficionado como es el Prof. García a las citas bíblicas, me permitirá que termine esta imperfecta pero sentida reseña de Sin piedras no ha arco. La ilusión de crear, la emoción de descubrir, recordando la carta de San Pablo a Timoteo: “He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día…”.


