Hace apenas unos días atrás, recibí varias llamadas con la fatídica noticia de que «la planificación en Bolivia había muerto»…esto debido a la eliminación del Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente (y en aquel velorio nadie lloró por Medio Ambiente), no obstante, nosotros los planificadores (y no POISTAS), sabemos que al final este acontecimiento, puede tener impactos mayores, y para entenderlo tenemos que limpiar el supuesto cadáver, y sacar de nuestra mente la Ley N°777 del Sistema de Planificación del Estado, sus lineamientos y demás instrumentos que nos han acompañado casi 10 años.
Iniciemos esta autopsia repasando el contexto histórico de nuestro país, antes y después del año 2003, asociando dicho contexto al modelo de planificación aplicado.
El Decreto Supremo N°21060 de Víctor Paz Estenssoro llega apenas 23 días después de iniciar su mandato, ante una crisis económica sin precedentes en nuestro país. Iniciando con ello el famoso periodo «neoliberal», y dando origen al llamado Estado «Regulador» que año tras año se fue consolidando con medidas institucionales, económicas y sociales; con la premisa de achicar lo más posible el Estado, reducir sus instituciones o transformarlas bajo un enfoque más “regulador” que «operador»; promoviendo de esta forma la famosa ola de privatización de empresas públicas en su mayoría estratégicas; así también fortalecer la descentralización administrativa y operativa plasmada en la Ley de Participación Popular (1994); por otro lado, en materia económica, Bolivia se abría a los ojos mundiales, y flexibilizaba el tipo de cambio. Bajo este contexto, se crea la Ley N°1178 (1990), que regula la administración pública, pero deja a la planificación reducida al ámbito netamente institucional, por lo tanto, en el Estado «Regulador» la planificación no define el camino a seguir del Estado, deja que sus actores sean los que contribuyan directa o indirectamente a dichos cambios. En otras palabras, para el sistema de la Ley N°1178, el sol es el PEI y el POA, y el Plan Nacional de Desarrollo, apenas un planeta enano girando erráticamente.
Posterior a la denominada «guerra del gas» del 2003, en contrasentido del Estado «Regulador» llegaría el Estado «Operador», cuya naturaleza es dar un rol protagónico al Estado y a sus instituciones, pues ahora no solo regulan si no también operan. Y como es natural, no sólo se nacionalizan todas las empresas estratégicas, sino también se promueve la creación y multiplicación exponencial de otras, distorsionando en algunos casos su mercado a través del fortalecimiento de monopolios en varios rubros, como el de transporte aéreo. Si bien se implementa una Ley de Autonomías, su evaluación es una asignatura pendiente en la actualidad. En materia económica se impone un tipo de cambio fijo, bolivianizando de esta forma la economía nacional. Y en materia de planificación nace un nuevo sistema de la mano de la Ley N°777 (2016) donde las definiciones estratégicas vienen del nivel central en el largo y mediano plazo, a través de dos planes ampliamente conocidos, el Plan General de Desarrollo Económico y Social (hasta 25 años) y el Plan de Desarrollo Económico y Social (a 5 años), además de la configuración de Planes Sectoriales que ayudan a este cometido, pues todos los programas y proyectos deben pasar por los “ministerios cabeza de sector” y todos los planes deben ser compatibilizados por el nivel ejecutivo. La orientación principal son el PGDES y el PDES en tanto que el PEI y POA son solo planes netamente operativos. En otras palabras para el sistema de la Ley N°777, su sol es el PDES, y el resto de planes solo planetas girando alrededor de él.
Ahora bien, volviendo a la metáfora inicial, sobre si la planificación ha muerto, déjenme decirles que no, quien al parecer está en terapia intensiva es el Estado «operador», la planificación bien hecha y en las manos adecuadas, todavía será una herramienta importante para la gestión del Estado, sus entidades, empresas y actores privados, en post de cumplir las políticas nacionales presentadas por el gobierno. No obstante, recuerden que cuando el Estado se entromete demasiado en las decisiones técnicas y operativas, genera tarde o temprano excesiva burocracia, corrupción, e ineficiencia estatal, traducida en limitaciones para el desarrollo; pero el resultado será el mismo, si una descentralización llega sin capacidades de sus ejecutores o sin niveles de supervisión por parte del nivel central.
Por último y no menos importante, lo que se necesita es la generación de cambios profundos en el modelo de planificación y no solo mover un Viceministerio de Planificación de un ministerio a otro ministerio, si fuese así, este artículo no tiene ningún sentido, y la moraleja sería simple, la planificación “No estaba muerta…solo andaba de parranda”.
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