Nieves Sebastián Mongares
En España, el envejecimiento poblacional es una realidad que, en comunidades autónomas como Galicia, es más patente. Y, en este contexto, también ha habido un aumento de personas con algún tipo de discapacidad intelectual que envejecen, lo que antes era menos frecuente.
Este cambio de escenario obliga a contar con recursos que tengan en cuenta las necesidades de estas personas, ofreciéndoles un espacio donde envejecer con una buena calidad de vida. A este respecto, Sara Lorenzo, directora técnica del Hogar y Clínica San Rafael de Vigo, considera esencial con este tipo de espacios en los que el fomento de la autonomía sea uno de los valores prioritarios.


Teniendo en cuenta que ha aumentado el número de personas con discapacidad que presentan envejecimiento, ¿cómo ha evolucionado la asistencia en este ámbito? ¿Cuáles son los retos o necesidades no cubiertas?
El envejecimiento poblacional es una realidad actual en nuestro país, y qué decir de la situación de Galicia, donde la incidencia es todavía mayor e incluso característica de nuestra idiosincrasia. La importancia de analizar cómo nuestra realidad poblacional y social, así como los entornos y las comunidades, afectan al desarrollo y bienestar de las personas de avanzada edad es crucial. Al final, nuestro objetivo es ofrecer servicios adaptados a las nuevas necesidades de nuestro entorno y responder a ellas de forma integral y con un alto valor de calidad.
La realidad es que todavía existen dificultades para encontrar servicios de apoyo y acompañamiento a personas en proceso de envejecimiento y con discapacidad intelectual. La tendencia venía siendo dar respuesta con servicios especializados en discapacidad intelectual o del desarrollo o en personas en proceso de envejecimiento, dejando apartada la posibilidad de una visión integral y completa de la realidad dimensional de las personas.
“El mayor reto es seguir acompañando y apoyando para lograr ejercer el derecho de participación e inclusión de las personas en proceso de envejecimiento en comunidad”
Esto, como entidad, nos “obliga” a dar respuestas ajustadas a necesidades específicas con la puesta en marcha de nuevos servicios dirigidos a personas en proceso de envejecimiento y con discapacidad intelectual y del desarrollo, ofreciendo apoyos especializados, espacios adaptados y programas específicos.
Yo creo que el mayor reto es seguir acompañando y apoyando para lograr ejercer el derecho de participación e inclusión de las personas en proceso de envejecimiento en comunidad. Además de seguir formándonos como profesionales en este nuevo reto, promoviendo la autonomía, el derecho a decidir y a participar.
¿Cuáles son los principales desafíos terapéuticos para tratar a las personas con discapacidad que tienen más edad? ¿Cuáles son los tratamientos y las iniciativas de formación más recientes de las que se benefician estos individuos?
Pues desde nuestra experiencia, la mayor dificultad con la que nos encontramos es saber identificar procesos de deterioro cognitivo en personas con mayores necesidades de apoyo. Esto nos requiere buscar herramientas evaluativas específicas y adaptarlas individualmente a la persona.
Además, creo que existe una complicación para el diagnóstico por la escasa formación específica entre los profesionales de la salud para dar respuesta a la atención sanitaria de las personas en la etapa vital de la que venimos hablando.
“La mayor dificultad con la que nos encontramos es saber identificar procesos de deterioro cognitivo en personas con mayores necesidades de apoyo”
Otro reto importante es adaptar las acciones de los programas a sus capacidades. Por ejemplo, hay que usar un lenguaje sencillo, apoyos visuales y actividades que respeten su ritmo y sus limitaciones físicas. También es común que aparezcan conductas difíciles de manejar, que requieren un enfoque personalizado y el trabajo conjunto de todas las personas profesionales que impactamos en su día a día.
Seguimos apostando por programas de envejecimiento activo que combinen actividad física adaptada, estimulación cognitiva a través del autoconcepto y las vivencias vitales y, por supuesto, el acompañamiento en actividades significativas para la persona de forma personalizada e individual.
¿Cuáles son los resultados de su proyecto Viver para favorecer la vida independiente de personas con discapacidad intelectual?
Pues esta pregunta es interesante porque, en el momento en que nos planteamos un proyecto que se centra en las personas, en sus planes de vida y en el derecho a ser acompañados en procesos donde el objetivo es la autonomía y la desinstitucionalización, es muy difícil poner el foco en los resultados numéricos o en resultados de indicadores cuantitativos. La realidad es que la respuesta nos lleva al impacto más personal, a esas pequeñas cuestiones del día a día que significan un avance evidente e impactante para las personas.
Hablo de que una persona consiga ejercer su derecho a opinar sobre lo que le hace sentirse bien, o las cosas que no le gustan, que empezamos a ver realmente una asunción de responsabilidades personales y la de generar la capacidad de decidir cuándo se necesitan apoyos y para qué. En este sentido, el avance en tan pocos meses es muy esperanzador y motivador. No solo para las personas participantes, sino también para las personas profesionales que las acompañamos en su trayectoria vital.
“Es importante pensar que el concepto de institucionalización no se queda exclusivamente en la palabra, sino que impacta en las personas hasta el punto de afectar en todas las dimensiones personales”
Es importante pensar que el concepto de institucionalización no se queda exclusivamente en la palabra, sino que impacta en las personas hasta el punto de afectar en todas las dimensiones personales. Considero que debemos transitar con tendencia natural para que nuestros servicios vayan transformando nuestra cultura a fin de evitar o paliar las consecuencias de la institucionalización tradicional.
Pero como los números también tienen su importancia, el proyecto comienza con quince personas participantes y actualmente ya son 17, de las cuales una ha encontrado un trabajo remunerado y hemos podido tener la oportunidad de dar apoyo en el empleo, reforzando el sentimiento de seguridad tanto de la persona participante como de la empresa empleadora. De las 17 personas, nueve han participado o participan en formaciones profesionales en entidades del entorno, orientadas a sus deseos y objetivos profesionales.
Al igual que la mayoría de los participantes, son acompañados en la orientación al empleo. El Viver ha permitido acompañar a dos personas en procesos de selección, de los que estamos pendientes de recibir noticias. ¡Ojalá podamos confirmar que ha salido como a ellos les gustaría! Actualmente, nos encontramos apoyando también a una persona que se plantea como siguiente paso vivir de forma independiente con su pareja.
“El proyecto Viver ha permitido acompañar a dos personas en procesos de selección, de los que estamos pendientes de recibir noticias”
Sin embargo, si me quedo con un resultado real y que sí ha generado esa sensación de saber que estamos en el camino, es la reacción de una persona que tras años siendo apoyada por un familiar, consigue el valor de enfrentarse a la situación y pedir apoyo para marcar sus propios límites y derechos.
¿Cuáles son los criterios que tiene el Hogar y Clínica San Rafael de Vigo para elegir a sus pacientes?
La realidad es que no tenemos potestad para “elegir” a las personas que participan de nuestros servicios. La mayor parte de las plazas que tenemos autorizadas están concertadas con la administración, por lo que es ella quien determina qué personas acceden a nuestros recursos. Bien es cierto que la última palabra la tiene siempre la persona participante del servicio, que puede decidir si beneficiarse del servicio o rechazarlo.
Disponemos de plazas privadas a través de las cuales intentamos, como equipo, orientar en todo momento las necesidades de las personas solicitantes a las realidades de nuestros servicios a fin de que nuestros apoyos sean los realmente necesarios para la persona, acompañando en el proceso de derivación en caso de que nuestra entidad no fuera la opción más ajustada.
Está al frente de la dirección técnica del Hogar y Clínica San Rafael de Vigo desde abril de 2024. ¿Qué balance hace de este periodo?
Pues un año y cinco meses después, si echo la vista atrás, ¡me parece que ha pasado muchísimo tiempo! Evidentemente, como todas las personas, he necesitado un tiempo de adaptación a este nuevo puesto, pero me siento realmente orgullosa del camino que hemos hecho durante estos meses y el punto en el que ahora nos encontramos: motivante, agradable y con una sensación de ir ganando fortalezas en equipo que merece muchísimo la pena.
“Me siento realmente orgullosa del camino que hemos hecho durante estos meses y el punto en el que ahora nos encontramos: motivante, agradable y con una sensación de ir ganando fortalezas en equipo”
Seguimos caminando hacia ese cambio de cultura del que hablaba y la sensación de que estamos en el camino correcto es muy motivadora. Ha habido muchos cambios en muy poco tiempo, aunque la sensación es de que el 2024 queda ya muy lejano.
Seguimos con el foco puesto en las personas y en sus derechos. En la necesidad de readaptarnos continuamente para ofrecernos como una entidad atractiva y que realmente trabaja conjuntamente para generar impactos reales en las vidas de las personas, sus familias y la comunidad.


