una urgencia para el sistema sanitario

Anuario iSanidad 2025
Dr. Domingo Antonio Sánchez Martínez, ex representante Nacional de Médicos Jóvenes y Promoción de Empleo de la Organización Médica Colegial de España (OMC)
Cuando asumí la responsabilidad de representar a los médicos jóvenes, hace ya cuatro años, lo hice con una convicción clara: la sanidad no puede sostenerse si no se cuida a quienes la sostienen.

Este año, tras la presentación de varios informes, entre los que se encontraba el estudio IkerBurn, esa convicción se ha transformado en una evidencia incontestable: el desgaste profesional entre los médicos jóvenes en España ha alcanzado niveles críticos.

El mencionado estudio, impulsado por la Organización Médica Colegial (OMC), revela datos que deberían encender todas las alarmas: el 94 % de los médicos jóvenes presenta síntomas de burnout al menos en una dimensión, y más del 50 % cumple criterios de burnout completo. No hablamos de casos aislados, sino de un patrón estructural que afecta a la generación que debería ser energía, ilusión y vocación dentro de la profesión médica.

La sanidad no puede sostenerse si no se cuida a quienes la sostienen

Este fenómeno no surge de la nada, ya lo hemos ido advirtiendo previamente. Es la consecuencia directa de un sistema que, durante años, ha normalizado jornadas extenuantes, guardias de 24 horas sin descanso efectivo, precariedad contractual y una falta de conciliación que erosiona la salud mental y la calidad de vida.

Cuando comencé a hacer guardias en mi servicio, el descanso tras las mismas no se respetaba. Recuerdo una mañana en la que, tras más de 28 horas de trabajo ininterrumpido, tuve que indicar una quimioterapia compleja y, poco después, comunicar a una familia que el tratamiento no estaba funcionando. Lo hice con la voz cansada, con la mente embotada, con la sensación de no estar dando lo mejor de mí. Esa experiencia me marcó profundamente, porque entendí que la vocación no puede ser una excusa para el abandono institucional.

El burnout no es solo un problema individual; es una cuestión de salud pública, de seguridad del paciente y de sostenibilidad del sistema. La evidencia científica es clara: el agotamiento emocional y la despersonalización aumentan el riesgo de errores clínicos, reducen la calidad asistencial y deterioran la confianza en el sistema. Además, sus consecuencias trascienden lo asistencial: absentismo, bajas laborales, fuga de talento y pérdida de inversión pública en formación son solo algunas de las derivadas, que agravan la crisis de recursos humanos.

El desgaste profesional entre los médicos jóvenes en España ha alcanzado niveles críticos

¿Qué podemos hacer? La respuesta no pasa por intervenciones aisladas, sino por reformas estructurales y culturales. Cumplir la normativa europea sobre tiempo de trabajo, garantizar descansos reales tras las guardias, reforzar la tutorización en los primeros años de residencia, implementar programas de apoyo psicológico accesibles y confidenciales, y promover políticas efectivas de conciliación y equidad de género son medidas urgentes que no admiten demora.

Desde la Organización Médica Colegial hemos trabajado para visibilizar esta realidad y proponer soluciones. Y quiero aprovechar estas líneas para expresar mi agradecimiento a la OMC y, muy especialmente, a su presidente, el Dr. Tomás Cobo, por su compromiso firme con esta causa. Su apoyo ha sido fundamental para que hoy podamos hablar de burnout no como un tabú, sino como un reto compartido.

Este artículo no es solo una reflexión; es una llamada a la acción. Porque cuidar a quienes cuidan no es un lujo, es una condición indispensable para garantizar una atención sanitaria segura, humana y de calidad. La juventud médica no puede seguir siendo sinónimo de precariedad y agotamiento. Debe ser sinónimo de futuro.

Porque cuidar a quienes cuidan no es un lujo, es una condición indispensable para garantizar una atención sanitaria segura, humana y de calidad

Estos últimos cuatro años, desde el ejercicio de mi cargo en el Consejo, he intentado trasladar esta realidad para hacer que entre todos, las cosas cambien. Hablamos sobre el incumplimiento de la Directiva Europea del trabajo, organizamos una cumbre sanitaria europea, hablamos de los desiertos médicos y del impacto sobre la atención de nuestros pacientes, y realizamos un ejercicio de reflexión compartida con todos los agentes del sistema de formación sanitaria especializada. Las etapas se cierran y los cargos finalizan, pero el legado y lo aprendido permanece.

Cierro esta etapa con una frase de esperanza, porque la necesitamos más que nunca: Aunque el camino sea duro, siempre hay luz para quienes no dejan de caminar. Sigamos caminando. Por nosotros. Por los que vendrán. Por una sanidad más humana.

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