El presidente número 68 de la República de Bolivia, ahora Estado Plurinacional asumió como gobierno el pasado 8 de noviembre de 2025, promoviendo desde su campaña un cambio inmediato del modelo económico y un cambio del modelo de Estado, abandonando de esta forma, y después de casi 20 años, el ya conocido modelo económico social comunitario productivo, consolidado por el MAS.
9 meses después (cual cruel anuncio de cesárea), empujados por los «53 días» de bloqueo criminal, este nuevo modelo ya quiere nacer, y para ello, no quedó otro remedio que tocar las puertas del FMI, quienes nos invitaron a pasar, ponernos cómodos y meterle un “brunch” mientras se viene el momento del parto, pero no sin antes pedirnos en la puerta, que nos saquemos los zapatos, colguemos el saco, dejemos el celular, y otros requisitos formales, conforme las normas de aquella casa multilateral.
El Fondo Monetario Internacional creado en 1945, bajo el acuerdo de Bretton Woods (post segunda guerra mundial) entró en operaciones en 1947 y tiene desde entonces el objetivo de estabilizar las economías en rojo y hacer que estás no «contagien» a sus vecinos y con ello impacten de manera negativa al resto del mundo. Bolivia desde su creación, recurrió a este fondo 18 veces, siendo la última vez el año 2003 bajo el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, desembolsando 147.6 millones de dólares, ante el compromiso de reducir el déficit fiscal, implementar un nuevo régimen tributario y aplicar una nueva ley de hidrocarburos.
Ahora en el 2026, más de 20 años después, Bolivia nuevamente toca las puertas de la multilateral, siendo esta vez el monto convenido de 1.900 millones de dólares, en su modalidad SAF (Servicio Ampliado del Fondo) para resolver problemas estructurales de balanza de pagos a mediano plazo; 3 años para su desembolso y/o ejecución, 10 años para su pago, estimando 4 años de periodo de gracia y una tasa de interés que puede variar entre 4-5% dependiendo el desempeño de su utilización. No será un solo desembolso, sino más bien, a partir del primero, cada 6 meses existirá una evaluación para ver si se logra el siguiente y así sucesivamente hasta completar el monto total.
Ahora bien, se estima (porque no se ha presentado el acuerdo de manera pública, pese a la solicitud generalizada de varios actores) que las condiciones del FMI parten de “acuerdos previos” y medidas de estabilidad económica (tal cual la receta) como, la unificación del tipo de cambio (ya realizado), ajuste fiscal (en proceso), modificar el régimen de subvenciones (ya realizado para los carburantes, no sabemos si entra o no tema energético o gas natural), reforma tributaria (sin modificar); fortalecimiento del sector financiero, como la independencia del BCB y el saneamiento de bancos (sin noticias al respecto); así como trabajar rápidamente en medidas de productividad y competitividad (sin noticias al respecto).
Y todo esto ¿para qué?, para lograr una sola palabra mágica: «estabilidad» traducida en el corto plazo, en contar con dólares frescos en el mercado, fortalecer las reservas del BCB para disminuir la presión cambiaria, contar con dólares para la acabar temporalmente las filas por combustible. Lo malo es que, si en 4 años no se generan los impactos positivos previstos, habremos comprado estabilidad en el presente a cambio de deuda en el futuro.
Los siguientes pasos son, la aprobación del crédito por la asamblea legislativa, que tiene ciertas particularidades en el presente, por el contexto político acaecido con la salida del ala de Doria Medina, y las observaciones que tiene Tuto al respecto. Pasa también por que dicho crédito entre a consideración del directorio del FMI, y pueda ser aprobado tal cual está planificado. Pero definitivamente pasa por aplicar acciones y medidas en paralelo que puedan capitalizar este préstamo, pues podemos tener dinero, mas no desarrollo en el mediano plazo.
La moraleja es, «el gobierno tuvo 9 meses para nacer y ahora le quedan 4 años para crecer».
