El 23 de junio de este año, en el estadio Akro de Guadalajara en México se disputaba el partido entre Colombia y la República Democrática del Congo. Al inicio de la transmisión del partido, por espacio de unos 5 segundos quedó registrada la imagen de un hombre con chaqueta roja, el brazo en alto, parecía una estatua. Acertadamente el relator dijo que era “Lumumba Vea”, un hincha de la selección congolesa que asiste a todos sus partidos y se mantiene inmóvil durante 45 minutos, en el medio tiempo se toma un descanso y los otros 45 minutos vuelve a inmovilizarse.
No es una prueba de resistencia física, no una apuesta, tampoco una cábala. Es un homenaje a Patrice Lumumba, quien fue el Primer Ministro del Congo Independiente en los años 60. Michel Nkuka Mboladinga, es el nombre de quien proclama en los partidos del mundial que “Lumumba Vive”. Cuando le preguntan ¿Cómo hace para resistir tanto tiempo sin moverse?, el responde: “El precio que yo pago es pequeño”, refiriéndose a al héroe africano al que él revive parado en un pedestal frente a casi 50.000 personas y miles de millones de espectadores de televisión y las plataformas digitales.
Patrice Lumumba, fue un líder anticolonialista, que luchó por la independencia del Congo. Fue proclamado Primer Ministro de la República Democrática del Congo. El día de su posesión (30 de junio de 1960) pronunció un discurso que no estaba programado, donde denunció toda la opresión, esclavitud y la vida indigna a la que fueron sometidos por el Reino Belga “Hemos conocido las ironías, los insultos, las palizas que teníamos que soportar mañana, tarde y noche porque éramos des nègres”. El Rey Balbuino de Bélgica se sintió muy ofendido. Lumumba no era un títere, era peligroso, era un líder de convicción. Decretó la africanización del ejército y de los empleados públicos, entre otras medidas. Había que eliminarlo.
En 1961, los separatistas de Katanga con el respaldo de Bélgica, la CIA en plena guerra fría, Lumumba fue destituido como Primer Ministro, encarcelado, posteriormente fusilado su cadáver fue disuelto en ácido sulfúrico para hacerlo desaparecer, para que nadie visite su tumba, para que nadie lo recuerde. Sólo quedó un diente que su verdugo, Gerard Soete, comisario belga, lo tenía “como una especie de trofeo de caza”, dicho en sus propias palabras.
En junio de 2010 presencié la marcha de los ciudadanos congoleses frente a los edificios del Parlamento Europeo en Bruselas, todavía reclamaban justicia por su líder en el marco del 50 aniversario de su independencia, concedida en 1960 por la corona belga con la condición de heredar la deuda externa de Bélgica. Así que el Congo nació endeudado por un préstamo que nunca fue suyo. Recuerdo su paso por las calles, sus canticos, sus consignas en francés. Muchos vestían sus trajes típicos, llenos de colores. Allí comencé a fijarme más en su historia, en sus luchas cotidianas en los males que heredaron de la colonia, en la riqueza que tienen en la goma, los diamantes, el cobalto, el litio, el cobre…
En junio de 2022 el gobierno belga entregó a juliana Lumumba, hija del asesinado Primer Ministro, el diente que es lo único que quedó de su padre. Unos años antes en una entrevista con la BBC, Juliana había preguntado si los perpetradores de sus padres eran humanos. ¿Qué cantidad de odio debes tener para hacer eso?
