Jorge Luis Borges fue el escritor que ingresó en la segunda década del siglo XX a los movimientos de vanguardia. El sentido central de su prosa, lo llevo a concebir a la ciudad de Buenos Aires dentro de una mirada vanguardista, que le dotó de una especie de fascinación por los suburbios, las esquinas rosadas y los almacenes de Palermo.
Un escritor argentino, que, a inicios del siglo XX, ingreso de forma franca a los volubles movimientos de vanguardia, que lo llevaron a ser considerado como el apasionado amador de la ciudad de Buenos Aires.
Lo particular fue su mirada a los zaguanes y los relatos criollos que predominaron en sus escritos.
Cabe recordar que, para Borges, Buenos Aires no solo fue la ciudad progresista, sino el conglomerado urbano de bulevares modernos, las memorias singulares y los lugares de encuentro ciudadano, que, a fin de cuentas, trazaron una especie de guía literaria.
Con todo ello, esa bella ciudad se transformó en lugar habitable y de tránsito peatonal, lo cual la transformó en algo más, que una simple metrópolis moderna de 1921.
La gran pasión de Borges por Buenos Aires colaboró en convertirla, en mítica e imaginativa, dotándole de una especie de significado a su poesía y prosa. Todo ello, gracias a su mirada vanguardista que dotó de fascinación a los suburbios de Buenos Aires, las esquinas rosadas y los almacenes de Palermo.
Lo sorprendente fue que Borges en ningún momento dejo de inspirarse en los zaguanes y las mitologías criollas. Con todo, Buenos Aires para Jorge Luis Borges, fue el lugar de las memorias, epifanías y desencuentros, que lo llevaron a escribir una especie de guía literaria de esa bella ciudad. Su gran pasión, la convirtió en mítica y singular, dejando atrás a la simple metrópoli moderna de 1921.
Algo que no se debe dejar de nombrar fue que ese escritor, relevó el mito de los arrabales y las orillas del mar, los cuales fueron redescubiertos con ojos de vanguardia. Un hecho, que corroboró su fascinación por los suburbios, las esquinas rosadas y los almacenes de Palermo del Sur de esa ciudad, afirman los escritos.
A pesar de todo ello, fueron tiempos en los que tuvo que parar la producción escrita, por el crecimiento progresivo de su falta de visión, que limitó posiblemente a la creatividad de los nuevos escritos. Lo más lamentable es, que fueron momentos en los que cesaron los paseos y el disfrute visual de Buenos Aires, la ciudad que tanto amaba.
En las primeras décadas del siglo XX, Buenos Aires vivió una gran transformación urbana, que la llevó a ser considerada como el Paris de América del Sur. Su admirable modernización, no limitó el nacimiento de los primeros asentamientos informales de emergencia, como, por ejemplo, el Puerto de Buenos Aires.
No cabe duda que en esos nuevos tiempos, la ciudad de Buenos Aires se consolidó como la gran capital editorial y teatral de habla hispana, hospedando a figuras como García Lorca. Un hecho similar sucedió en otras grandes ciudades, que en esos momentos de gran desarrollo; el arte y la cultura fueron representados por artistas y esencialmente pintores de remarcable trayectoria, que se trasladaron a esas ciudades exitosas. En contraparte a todo ello, en 1945 se fundó la Plaza de Mayo, el epicentro de la movilización social de trabajadores, lo cual dio origen al movimiento peronista, afirma la historia.
Con todo ello, la significación de la productividad intelectual de Jorge Luis Borges se fue convirtiendo en una especie de mito, esencialmente porque buscó des ocultar otras realidades que conllevan sus escritos.
En 1979, la obra de Jorge Luis Borges, recibió el reconocimiento del Premio Cervantes, en Alcalá de Henares de Madrid.
