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Caso Roger Mariaca: Se reordena el poder y abre nueva etapa para el Gobierno

La aprehensión y posterior salida de Roger Mariaca de la Fiscalía General del Estado modificó el tablero político boliviano y abrió una oportunidad para que el presidente Rodrigo Paz recupere la iniciativa después de semanas marcadas por conflictos.

Sin embargo, el alcance de ese reordenamiento todavía está en disputa: puede convertirse en un punto de inflexión para la gestión o derivar en una nueva concentración de poder.

Los analistas políticos Manuel Mercado, Susana Bejarano y Carlos Saavedra coinciden en que la operación contra Mariaca alteró los equilibrios entre el Ejecutivo, el Ministerio Público, la Asamblea Legislativa y los actores sociales. Sus interpretaciones difieren sobre la profundidad y los riesgos de ese cambio, pero convergen en una cuestión central: el Gobierno consiguió una ventaja política que todavía debe transformar en resultados verificables.

Para Mercado, el principal cambio radica en que Paz pasó de responder a los acontecimientos a tomar la iniciativa. La intervención en un espacio institucional sensible le permite al Ejecutivo proyectar una posición más activa en la lucha contra el narcotráfico y la corrupción, mientras reduce la presión de actores que, según el analista, representaban obstáculos para la gobernabilidad.

Roger Mariaca

“Es la primera vez que puede simultáneamente enfrentarse a los actores políticos contrarios”, sostuvo Mercado.

En su criterio, la debilidad de la Asamblea y el descabezamiento del Ministerio Público dejan al Ejecutivo con mayor margen para administrar los espacios de poder que quedaron abiertos.

Por su parte, Saavedra también identifica un cambio significativo en la correlación de fuerzas. Considera que Mariaca era uno de los actores con mayor influencia política y que su salida elimina una amenaza para el Gobierno, aunque no implica que Paz haya alcanzado un control absoluto del sistema institucional.

“Yo no diría que tiene un control total de la Asamblea, pero tiene una Asamblea bastante amigable”, afirmó. En su evaluación, la capacidad del Ejecutivo para construir acuerdos parlamentarios, sumar respaldo internacional y tomar decisiones de alto impacto le permitió modificar un escenario que hasta hace poco resultaba adverso.

Iniciativa

En la misma línea Bejarano coincide en que el Gobierno recuperó iniciativa, pero introduce una diferencia fundamental: el efecto político no equivale a una legitimación duradera. La operación puede generar respaldo entre sectores que desconfían de Mariaca o consideran necesaria una investigación, pero esa reacción no significa necesariamente que la ciudadanía haya cambiado su valoración general de la gestión presidencial.

“Paz ganó tiempo, no una legitimidad duradera”, resumió.

La distinción resulta relevante en un contexto en el que la crisis económica, los problemas de abastecimiento y los conflictos sociales continúan formando parte de las preocupaciones ciudadanas.

Los tres especialistas coinciden, con distintos matices, en que el caso Mariaca alteró la agenda pública y abrió un periodo de reacomodo institucional. Sin embargo, la principal incógnita consiste en determinar si ese movimiento permitirá resolver problemas de gobernabilidad o si únicamente modificará quién ejerce influencia sobre las instituciones.

Asamblea Legislativa

Mercado considera que el Ejecutivo puede aprovechar el nuevo escenario para intervenir sobre varios frentes a la vez: la relación con el Legislativo, la política de seguridad, el vínculo con Estados Unidos y la reorganización de espacios dentro del aparato estatal. Advierte, no obstante, que esa iniciativa podría acompañarse de un endurecimiento del Gobierno.

El analista alerta sobre el riesgo de que las investigaciones se conviertan en instrumentos para aislar o perseguir a adversarios. Por eso, sostiene que las detenciones y las denuncias no bastan para consolidar una narrativa de transformación institucional.

“Las simples detenciones o las simples denuncias por sí solas no son suficientes para recuperar la credibilidad”, señaló Mercado.

En su perspectiva, la operación debe traducirse en el desmantelamiento efectivo de redes criminales, avances contra la corrupción y mejoras verificables en la seguridad.

Consecuencias

Saavedra también considera que la investigación tendrá consecuencias políticas que podrían alcanzar a otros actores. A partir de las denuncias sobre posibles vínculos entre el narcotráfico y distintas estructuras de poder, prevé que el proceso puede revelar relaciones que trascienden el Ministerio Público.

Sin embargo, remarca que la investigación debe desarrollarse con transparencia y pruebas. “Nunca ser usada políticamente, siempre mostrar cuáles son las pruebas de los vínculos”, afirmó. Su advertencia apunta a un aspecto decisivo: el alcance de las consecuencias políticas no puede sustituir la obligación de demostrar responsabilidades individuales.

Bejarano plantea una cautela similar, aunque con una lectura más crítica sobre el procedimiento. Considera que el respaldo parlamentario y la participación estadounidense no garantizan una recuperación de la independencia institucional. A su juicio, existe el riesgo de que una estructura subordinada sea reemplazada por otra, sin modificar los problemas de fondo.

“La espectacularidad policial puede cambiar la agenda, pero no la realidad de la gente”, advirtió.

Impacto

Su observación pone en perspectiva la diferencia entre el impacto comunicacional de un operativo y su capacidad para resolver los problemas cotidianos de la población.

La coincidencia más importante entre las tres lecturas está en la necesidad de que el caso produzca resultados comprobables.

La lucha contra el narcotráfico y la corrupción exige investigaciones sostenidas, respeto al debido proceso y capacidad para actuar contra los involucrados, sin distinciones por su cercanía al poder.

Para Mercado, el Gobierno necesita mostrar avances concretos para sostener su discurso de limpieza institucional. Saavedra insiste en que la investigación debe ser profunda y transparente, mientras Bejarano considera indispensable demostrar que la Fiscalía puede investigar incluso a funcionarios o personas cercanas al Ejecutivo.

Sucesión

En consecuencia, la designación de un fiscal interino y la futura elección de la máxima autoridad del Ministerio Público adquieren una importancia que va más allá de la sucesión de Mariaca. El procedimiento permitirá observar si la Asamblea actúa con autonomía, si existen acuerdos institucionales efectivos y si la nueva autoridad dispone de condiciones para ejercer sus funciones sin subordinación política.

El desafío consiste en impedir que el reordenamiento actual reproduzca las mismas prácticas que cuestiona. Una Fiscalía independiente no puede limitarse a investigar a quienes perdieron poder; debe contar con garantías para actuar frente a cualquier sospecha respaldada por indicios y pruebas.

El nuevo escenario también plantea una tensión entre la necesidad de construir gobernabilidad y el riesgo de concentrar decisiones en el Ejecutivo.

Saavedra interpreta la operación como una oportunidad para establecer un orden institucional que permita al Gobierno afrontar la crisis múltiple que atraviesa Bolivia. No obstante, reconoce que la relación con las organizaciones sociales continúa como uno de los principales desafíos pendientes.

Mercado, por su parte, considera que la iniciativa recuperada por Paz puede marcar una etapa de mayor protagonismo presidencial, pero advierte de una posible deriva autoritaria. Mientras, Bejarano alerta que la eficacia inmediata de la fuerza puede incentivar su uso como método habitual de gobierno.

Las diferencias entre los analistas reflejan dos escenarios posibles: avanzar hacia instituciones más eficaces o la consolidación de nuevas dependencias políticas.

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