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Construir narrativas, inventar algo que no existe

De pronto una mayoría de bolivianos nos convertimos en creadores de historias, en contadores de fábulas, en escritores de ficciones. Sin duda, la realidad es más fuerte, más rica, más inspiradora que las ficciones y sujeta miles de miradas e interpretaciones.

Desde el 17 de agosto de 2026, el día en que se escucharon cuatro disparos dirigidos hacia una mujer y las posteriores connotaciones del mismo, hemos sido partícipe de un tsumani de informaciones y de narrativas para todos los colores y gustos.

El caso Beller-Cerimedo es uno de los que más atención periodística, ciudadana y política ha tenido, principalmente porque de por medio están las denuncias de alto vuelo que se empezaron a difundir y que compromete al gobierno, que, según los expertos, constituye uno de los golpes más certeros a la credibilidad y al ejercicio del poder del actual gobernante, Rodrigo Paz.

En Bolivia lo que menos importa es la verdad. Aunque ésta es arengada fácilmente por el poder político, por la justicia, por el periodismo, por las religiones. “Yo soy la verdad”, decían los reyes franceses. “Yo soy la verdad”, dijo Jesús y luego fue torturado y crucificado.

Cada sector quiere construir su propia verdad y para ello recurren a las narrativas, a los relatos que traten de sustentar o difundir su verdad. Que van desde la conspiración de fuerzas ocultas hasta el despecho y los celos de una mujer.

El filósofo coreano, nos alertó que en el régimen de información mantienen su plena vigencia las palabras de Georg Buchner: “Somos títeres cuyos hilos mueven poderes desconocidos. ¡Nada somos por nosotros mismos, nada!”. El poder sabe desenvolverse y sabrá como salir de este escándalo que provocó la indignación de la población y traspasó las fronteras nacionales.

Y en tiempos de redes sociales, de novedades tecnológicas, del avance de la Inteligencia Artificial, que pueden direccionar los mensajes y manipular los hechos, pues el ciudadano, se constituye en esa marioneta.

De este mismo hecho ya han circulado más de diez versiones o narrativas: fue un atentado; un intento de feminicidio; un autoatentado organizado por poderes tenebrosos y ocultos; un acto circense que busca distraer la atención ciudadana frente a la crisis y a las filas de combustibles; un lío de una pareja, que incluso periodistas, sacaron a relucir una masturbación y uso de preservativos; una conspiración internacional que busca desestabilizar al gobierno de Paz; las relatos de ciertos periodistas que escudriñan descalificar a la víctima y van usando términos peyorativos: la novela turca, la espía Beller, o van arengando teorías conspirativas; desde el Chapare, el expresidente Evo Morales, entra en el juego político de esta disputa por el poder. De forma inteligente tiene todo un aparato comunicacional con aliados nacionales e internacionales que también va construyendo su propio relato, bajo la consigna de que es el único que puede salvar al país y que debe volver a la Casa grande del  Pueblo, por las buenas o por las malas. Todas ellas y muchas otras que seguirán apareciendo buscan sembrar la duda, la sospecha para ponerle paño frío al escándalo que tiene al poder en el centro de las atenciones.

“Otra cosa que no se ve, y es, quienes están detrás de la posible continuidad de Presidente. (el carácter internacional de Cerimedo es solo un dato?, las novelas que se le quiere contar al ciudadano es solo una anécdota?”, se pregunta el politólogo y profesor universitario, Luis Andia.

En este laberinto colorido de narrativas, el sistema judicial y los investigadores policiales están   jugando un rol estratégico: filtran audios y videos a determinados programas periodísticos lo cual tiene sus objetivos que van desde direccionar la atención ciudadana, generar malestar en los poderes o tratar de salvar a un actor fundamental de este caso.

Precisamente, el gobierno tiene todo un aparato comunicacional y marketinero, que viene siendo apoyado por un ejército de periodistas e influencers para sostener su verdad, que está basada en desprestigiar o minimizar el atentado, reduciéndolo a un lio de pareja y que no es importante para el país.

Al parecer han leído al Ministro de Ilustración Pública y propaganda del III Reich, Joseph Goobles: “Cargar sobre el adversario los propios errores y defectos respondiendo al ataque con el ataque: Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que lo distraigan”.

El boliviano está en medio de los constructores de las narrativas, que incluso el mismo presidente Rodrigo Paz, sabe del poder de las mismas. Pero, así como varias veces nos pidió sinceramiento en relación al dólar fluctuante y al subsidio de los carburantes, así demandamos ese mismo sinceramiento con su asesor argentino, que, al parecer, tenía demasiado poder.

Quizás lo que menos interesa al poder, a la justicia, a los corruptos, a ciertos sectores del periodismo es que la verdad se imponga y nos ilumine. Mientras desde la cárcel, el asesor argentino, va disfrutando de su creación y de sus marionetas.

“Ya no se trata de mantener algo que ya existe, sino de inventar algo que todavía no existe”, lo recomendó el principal asesor de Putin, Vadim Baranov, el mago del Kremlin.

Te dejo con este apunte de Goobles: “Más vale una mentira que no puede ser desmentida que una verdad inverosímil”.

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