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Cuando el periodista tiene un revolver

Cada vez se viene cuestionando seriamente el accionar de los periodistas y de los medios de prensa. No se admite un solo error en su trabajo y si no gusta a unos estos critican duro y si no les agrada a los otros, también lanzan sus quejas y sus malestares.

Obvio que el oficio periodístico no es para quedar bien con los bandos y que todo el mundo los aplauda. O para evitar represalias, amenazas, extorsiones en un país que cada vez va caminando por sendas oscuras, peligrosas, cuyos actores van cometiendo sus fechorías y delitos, pero que luego quedan impunes y libres.

Dos hechos, de tantos otros, ha generado enormes fisuras en la sociedad boliviana y en los que ejercen el poder político en todos sus niveles: Ejecutivo, Legislativo, Electoral, Judicial, la oposición política, gobernadores, alcaldes, analistas, periodistas y demás sectores: la liberación de Tatiana Marset, acusada de narcotráfico que ahora pasea su belleza por las calles y recibiendo auspicios, como el de ser reina de una comparsa carnavalera.

Y el caso Beller-Cerimedo, que ha permitido a ciertos periodistas jugárselas al todo por el todo para descalificar el atentado a la vida, llegando a conclusiones de película, como el de asegurar que lo del 17 de agosto fue un autoatentado, el guion que se busca imponer y que la gente asuma que fue así y que la víctima no merece credibilidad y que detrás de ella está la izquierda internacional, tal como lo dijo claramente el presidente de Argentina, Javier Milei y sus adeptos vienen repitiendo esa consigna.

Tatiana Marset y la selfie con los periodistas del área policial. Sin duda, cuestionable y vergonzoso la selfie. Que desató las más furibundas reacciones de periodistas, gremios del sector, curas, pastores, políticos de derecha e izquierda, etc.

Un error que debe generar enseñanzas y retomar los valores de la ética, las distancias con el poder y las fuentes, el servicio a la verdad. Evitar en el futuro estas complicadas situaciones que pone en riesgo la credibilidad y la seriedad del trabajo de los periodistas, en este caso, de ese grupo de reporteros que están encargados de cubrir las notas policiales.

Pero a partir de estas reacciones que estuvo bien hacerlas, surge algunas preocupaciones y contradicciones, que se las debe ventilar, analizar y aceptarlas. Porque, así como se ha reaccionado contra este hecho, así se debería analizar y cuestionar a los periodistas mercenarios, a los que usan el periodismo para sus propios beneficios, a los que están arrodillados ante el poder político a cambio de contratos publicitarios. “Hay muchos que deshonran el periodismo y nadie los critica”, señala el periodista Roberto Navia, que alcanzó renombre internacional con sus reportajes ambientales.

“Hay algunos mercenarios o terroristas de la información. Y a esos se los debe cuestionar”, precisó la periodista de larga trayectoria, Alicia Bress.

Precisamente con el caso Beller-Cerimedo, nos hemos topado con un ejército de periodistas e influencers, que han adquirido notable protagonismo para impulsar una verdad, la de ellos y de algún poder detrás de las sombras, repitiendo cada día la tesis del autoatentado o un show armado, olvidándose de las graves denuncias de corrupción en la que el poder está incluidos, lanzadas por la víctima, ex pareja del asesor argentino.

Desmerecen, cuestionan y para ellos no valen nada los informes forenses, balístico, el trabajo de los fiscales y jueces haciendo uso de las enormes potencialidades que tiene el noble oficio del periodismo, que a todos nos enseñan que es fundamentalmente una misión, que tiene una ruta quien asume esa misión: informar, ser ético, ser responsable, no manipular, no mentir, no convertir el periodismo en un arma política y mucho menos en un medio para convertirse en comerciante y mercader de la noticia.

Sería saludable que las organizaciones periodísticas analicen esta realidad caliente del ejercicio periodístico en Bolivia, porque ese grupo de hombres y mujeres de la prensa, también faltan a la ética, a las distancias. ¿O son intocables esos periodistas que lucran y usan la información como arma política y económica? Usan la esencia del oficio periodísico como es la información como un revólver para disparar sin medir consecuencias.

No se trata de volcar la mirada y despachar toda la artillería contra ese grupo de periodistas que aparecen risueños con Tatiana, a quienes lo han despedido de sus fuentes laborales. No se trata de callarse ante el uso canallesco que están haciendo algunos periodistas del caso Nadia Beller, quienes se han convertido en los justicieros y los vengadores, olvidándose que han instancias legales, políticas que tienen que hacer su trabajo para explicarle al país lo sucedido el lunes 17 de agosto y todos los efectos colaterales. ¿Doble moral?

El filósofo español, Jesús G. Maestro, es crítico en su análisis sobre el rol del periodismo: “La prensa no debe ser nunca la ramera imprescindible de todo sistema político. Ni tampoco de la más repudiada cortesana de las ideologías”.

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