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De héroes indígenas y sus cuadros extirpados

En la Casa de la Libertad de Sucre donde en 1826 se firmó el Acta de la Independencia, o sea: donde Bolivia se convirtió en Republica. Allí hasta hace poco en el salón principal había cuadros de Tupac Katari y Bartolina Sisa que estaban allí desde que Bolivia se convirtiera en un Estado Plurinacional. Ambos líderes aimaras, a fines del siglo XVIII, encabezaron las luchas anticoloniales indígenas.

En la pared de la Casa de la Libertad están los retratos pintados en óleo de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y José Ballivián, los dos primeros considerados “padres de la patria” por su contribución a que el Alto Perú se desgajara de las garras de la colonia española y Ballivián militar y ex presidente de Bolivia entre 1841 y 1847. Y encima de ellos estaban los retratos de los líderes indígenas.

La presencia de los líderes indígenas en el salón de la Casa de la Libertad representaba esa otra historia negada, muchas veces, por la historiografía criolla y mestiza, en aras de consolidar una identidad nacional, pero en desmedro de la diversidad y la pluralidad étnica de Bolivia. Obviamente, la presencia de esa pareja de líderes indígenas junto a los “padres de la patria” significaba que ese abigarramiento de la sociedad boliviana era procesado o zanjado de forma alegórica en aras de una construcción simbólica de un Estado más inclusivo y, por lo tanto, más democrático.

Como ocurre en estos casos, la interpretación de sectores conservadores por la presencia de esos líderes indígenas en la mismísima Casa de la Libertad fue leída con una afrenta a los valores republicanos y, además, como una especie de un atropello “andinocentrista” y, lógicamente, esta mirada se inserta en los ecos de esa polarización socio/política que todavía está presente en el imaginario social boliviano. Una polarización que tiene entre sus principales clivajes, la cuestión indígena.

El retiro de los cuadros de Bartolina Sisa y Tupac Katari dispuesto por las autoridades del actual gobierno representa el retorno a esa lógica excluyente de la historiografía criolla y mestiza. No debemos olvidar, a través de mecanismos de “violencia simbólica”, la historia oficial republicana extirpó, verbigracia, el protagonismo de los indígenas de las luchas anticoloniales aludiendo una supuesta irracionalidad de esas rebeliones.

Ese retiro de esos cuadros se da en un contexto de una restauración oligárquica –como escribí en su momento— arrancó con la posesión del actual mandatario de Bolivia. Su acto de posesión presidencial fue envuelto en un aura aristocrática donde las wiphalas estuvieron ausentes, no había imágenes de héroes/heroínas que connotaban luchas anticoloniales indígenas. Tampoco había rituales a la Pachamama. Mientras tanto, existieron rituales católicos de bendición al nuevo presidente y alusiones religiosas y conservadores en su discurso presidencial: Dios, familia y patria.

Obviamente, la presencia simbólica de Tupac Katari y Bartolina Sisa representaba ese afán de descolonizar el Estado boliviano, considerado como un Estado monocultural y, por lo tanto, excluyente. Era una forma de allanar, aunque sea simbólicamente, esas distintas maneras de concebir el pasado para encaminarse a un diálogo historiográfico necesario en una sociedad como la boliviana marcada por la incomunicación. Pero, para los sectores conservadores era inquietante. Antes, los conquistadores españoles extirparon los Dioses de los indígenas. Hoy, extirpan los cuadros de sus héroes y heroínas indígenas de la Casa de la Libertad gracias a la restauración oligárquica en curso.

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