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Trigo nacional para fortalecer la soberanía alimentaria

Es indispensable impulsar la producción nacional del trigo, asegurando así la producción alimentaria para tener la marraqueta del día.

Hace pocos días, Jaime Hernández, gerente general de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), advirtió que la producción nacional de trigo de este año apenas cubrirá entre el 10% y el 12% del consumo interno. La seguridad alimentaria del país está en riesgo

Que la producción nacional satisfaga solo una pequeña parte de la demanda refleja una preocupante dependencia externa y una elevada vulnerabilidad, pues el abastecimiento del mercado interno queda expuesto a la volatilidad de los precios internacionales y a las fluctuaciones de la oferta mundial.

La producción de trigo en el departamento de Santa Cruz atraviesa uno de sus momentos más críticos. La superficie sembrada para la campaña de invierno de este año alcanza apenas 57.000 hectáreas, la cifra más baja de las últimas tres décadas. Esta situación debe alertar tanto a las autoridades como al sector productivo, ya que incrementará aún más la dependencia de las importaciones para abastecer el mercado nacional.

Esta reducción responde a diversos factores, entre ellos las sequías, el incremento de los costos de producción y la compleja situación económica que atraviesa el país. A ello se suma otro problema estructural: Bolivia no ha realizado inversiones sostenidas en investigación, innovación y mejoramiento genético del trigo durante las últimas dos décadas. Los últimos esfuerzos significativos en esta materia se remontan a finales de los años noventa y principios de los años 2000.

Como señaló el gerente de Anapo, Bolivia debería mirar el ejemplo de Paraguay, que hoy no solo abastece plenamente su mercado interno, sino que también exporta a países vecinos.

Nuestro país consume alrededor de 850.000 toneladas de trigo al año. Cerca del 90% de ese volumen proviene de la importación —legal o mediante contrabando— de grano y harina, generando una salida de divisas que puede alcanzar aproximadamente los 150 millones de dólares anuales.

Lamentablemente, la ausencia de políticas sostenidas de fomento a este cultivo ha impedido incrementar la producción nacional. Incluso en sus mejores años, Bolivia solo logró cubrir entre el 20% y el 30% de la demanda interna.

Coincidiendo con Anapo, es indispensable implementar un Plan Nacional de Incentivo al Trigo que incorpore investigación, asistencia técnica, financiamiento, seguros agrícolas, biotecnología y mecanismos que otorguen mayor certidumbre a los productores.

Este plan también debería establecer un precio mínimo de compra antes de la siembra, brindando previsibilidad e incentivando la producción de un cultivo estratégico para el país. De esta manera, el Estado, el sector privado y los productores rurales trabajarían conjuntamente para alcanzar la anhelada soberanía alimentaria.

Impulsar la producción nacional de trigo puede generar un círculo virtuoso de inversión, empleo, productividad y sustitución de importaciones, reduciendo significativamente la salida de divisas y fortaleciendo la economía nacional.

El Plan Nacional del Trigo debe garantizar que nunca falte el pan en la mesa de los bolivianos a un precio razonable, trascendiendo el concepto de seguridad alimentaria para consolidar una verdadera soberanía alimentaria.

Muchos países subvencionan la producción de alimentos por razones de interés y seguridad nacional. Garantizar el abastecimiento de productos básicos contribuye a la estabilidad económica y social. Si Bolivia destina importantes recursos para subvencionar el trigo y la harina importados con el propósito de mantener estable el precio del pan, resulta razonable preguntarse por qué no orientar parte de esos recursos a incentivar la producción nacional mediante precios de garantía y políticas que mejoren la productividad y hagan competitivo este cultivo.

Durante la última década, Bolivia ha destinado cientos de millones de dólares a la importación de trigo y harina, recursos que podrían haberse invertido en fortalecer la producción nacional.

Contamos con las condiciones para producir el trigo que consumimos e incluso generar excedentes para la exportación. Solo hace falta una política de Estado que brinde las condiciones necesarias para que el sector productivo dé el salto que Bolivia necesita.

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