“El conocimiento del eje intestino-cerebro es una forma de dar explicación a mecanismos fisiopatológicos de la dispepsia funcional”

Juan León García
La dispepsia funcional es una condición de alta prevalencia entre la población que “condiciona una importante afectación en la calidad de vida” de quienes la padecen. Detectarla a tiempo en la consulta de atención primaria resulta, por lo tanto, “fundamental”, como subrayan los Dres. Juan Manuel Mendive Arbeloa y Mar Noguerol Álvarez, integrante y coordinadora del grupo de trabajo de Patología digestiva y hepática de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), en un documento que ambos firman para el ciclo APDay 2026.

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Los especialistas en Medicina de Familia y Comunitaria, en el caso del Dr. Mendive en el centro de atención primaria La Mina, de Sant Adrià de Besòs (Barcelona), y por parte de la Dra. Noguerol, en el centro de salud Cuzco, en Fuenlabrada (Madrid), aclaran conceptos sobre la dispepsia y la dispepsia funcional.

¿Cuál es la tasa del total de pacientes diagnosticados con dispepsia que tienen dispepsia funcional? ¿Qué importancia tiene identificar bien el tipo de patología?
Es difícil hablar de un porcentaje exacto, sobre todo cuando hablamos de una patología con criterios diagnósticos en muchos casos basados en síntomas. En todo caso se suele decir que aproximadamente un 70% y un 80% de pacientes diagnosticados de dispepsia podrían tener un problema de dispepsia funcional.

Es decir, no se encuentra una causa objetivable a los síntomas que presenta el paciente. Es muy importante identificar al paciente que presenta dispepsia funcional porque de esta forma puede realizarse un abordaje terapéutico centrado en las características personales de los síntomas.

“Se han podido observar cambios a nivel del duodeno en pacientes con dispepsia funcional que incluyen una mayor permeabilidad mayor afluencia de antígenos a la mucosa duodenal”

Ustedes mencionan la cada vez mayor evidencia que se publica sobre el eje intestino-cerebro como un nuevo escenario para abordar la dispepsia funcional. ¿Qué se sabe hoy y qué relación hay entre patología digestiva y su impacto a nivel neurológico-psicológico?
El conocimiento del eje intestino-cerebro representa una forma de integrar la realidad y de dar explicación a mecanismos fisiopatológicos que no eran conocidos. Tradicionalmente se hablaba de trastornos digestivos funcionales, como el síndrome del intestino irritable o la dispepsia funcional traduciendo esta funcionalidad con una potente carga peyorativa hacia pacientes a los que se llegaba a decir que “no tenían nada” o que sus problemas eran menores. Hoy sabemos que estos pacientes tienen diferentes mecanismos fisiopatológicos que explican sus síntomas.

Por un lado, existe modulación de las señales que van en sentido del tracto digestivo hacia el sistema nervioso central (SNC), donde hay que tener en cuenta aspectos como la hipersensibilidad visceral, la alteración en la motilidad, la permeabilidad del tracto y la modulación del sistema inmune.

Así se ha podido observar, por ejemplo, cambios a nivel del duodeno en pacientes con dispepsia funcional que incluyen una mayor permeabilidad mayor afluencia de antígenos a la mucosa duodenal, y activación inmunitaria a nivel celular y molecular, con un aumento de la infiltración de eosinófilos y mastocitos duodenales. También se ha detectado una densidad, diversidad y función alteradas de la microbiota intestinal o disbiosis en los pacientes con dispepsia funcional.

Pero también hay que tener en cuenta la señal vagal descendente del SNC al intestino que puede verse alterada o modificada en estos pacientes y que tiene que ver con las características del paciente y sus rasgos de personalidad, incluyendo eventual presencia de algún tipo de ansiedad o de alteración emocional.

“Identificar al paciente que presenta dispepsia funcional permite realizar un abordaje terapéutico centrado en las características personales de los síntomas”

La dispepsia funcional se subdivide a su vez en dos tipos. ¿Cómo es una correcta anamnesis para determinar qué subtipo presenta el paciente? ¿Está extendida esta práctica en las consultas de atención primaria para diagnosticar el subtipo de dispepsia?
Con el fin de poder ayudar más en la resolución de los síntomas en la dispepsia funcional se considera la existencia de dos tipos de síndromes. El primero es el síndrome de distrés postprandial caracterizado por la presencia de saciedad temprana molesta y/o plenitud postprandial, que ocurre al menos 3 veces por semana. El segundo subgrupo es el síndrome de dolor epigástrico, caracterizado por dolor epigástrico molesto y/o ardor que ocurre al menos 1 vez por semana.

Además, estos criterios de diagnóstico deben cumplirse de manera constante durante 3 meses, y el inicio de los síntomas debe ocurrir al menos 6 meses antes del diagnóstico. Poder diferenciar ambos tipos de síndromes resulta muy importante para poder enfocar adecuadamente el manejo terapéutico.  Una anamnesis correcta en atención primaria intenta valorar el tipo y presencia de los diferentes síntomas a fin de poder especificar mejor las opciones terapéuticas y el manejo clínico. En muchos casos, desafortunadamente, no está del todo extendida la práctica del diagnóstico del subtipo de dispepsia funcional quizá por falta de conocimiento de los criterios diagnósticos y del beneficio terapéutico que conlleva esta diferenciación.

“Poder diferenciar ambos tipos de síndromes resulta muy importante para poder enfocar adecuadamente el manejo terapéutico”

Son concretos a la hora de descartar la realización de endoscopias a menores de 55 años en ausencia de datos de alarma. ¿Por qué no lo recomiendan? ¿Solo en qué casos estaría justificado?
La evidencia es clara en este sentido. Hablamos de estudios serios que ayudan a tomar decisiones en un entorno como el de la atención primaria donde la incertidumbre es muchos casos es importante. Muchas personas pueden pensar que si no se hace una endoscopia puede “escaparse” un diagnóstico potencialmente peligroso pero lo que se ha observado es que en atención primaria la mayoría de los pacientes jóvenes con síntomas de dispepsia no presentan patología que pueda objetivarse en una endoscopia. Evidentemente hay que individualizar cada caso y también dejar la puerta abierta para que el paciente pueda volver en caso de persistencia o agravamiento de síntomas.

También puede hacerse un seguimiento con visitas programadas para evaluar la evolución. Hablaríamos en casos de signos o síntomas de alarma cuando el paciente presente síntomas más allá de la dispepsia como un síndrome constitucional con pérdida de peso importante, un cuadro anémico no explicable o bien situaciones de vómitos persistentes, así como algún dato que pudiera aparecer en la exploración física como una masa abdominal. En casos de síntomas de pacientes entre los 45 y los 55 años que nunca habían tenido síntomas anteriormente, podría individualizarse la decisión de la endoscopía teniendo en cuenta algunas guías de práctica clínica que rebajan la edad en estos casos.

“Lo que se ha observado es que en atención primaria la mayoría de los pacientes jóvenes con síntomas de dispepsia no presentan patología que pueda objetivarse en una endoscopia”

La determinación de la presencia o ausencia de Helicobacter Pylori puede cambiar el curso del tratamiento farmacológico de la dispepsia. ¿Qué alternativas farmacológicas son las más eficaces si se identifica presencia de esta bacteria en un paciente con dispepsia funcional?
Si un paciente presenta clínica de dispepsia debe realizarse una investigación para detectar la eventual presencia de Helicobacter Pylori. Si el paciente tiene esta infección, debe de tratarse inmediatamente con las pautas habituales. Actualmente se recomienda la terapia cuádruple con bismuto como primera opción terapéutica (Guías ACG 2024, Maastricht VI) con una erradicación > 90%.

Hay que explicar bien a los pacientes la importancia de una buena adherencia terapéutica para conseguir la esperada eliminación de la batería. No podemos hablar de que el paciente con dispepsia tenga dispepsia funcional si se encuentra infectado por H. Pilory. Esto resulta un matiz importante a tener en cuenta ya que la causa objetivable de esta infección invalida el criterio diagnóstico de dispepsia funcional. En caso de que tras la erradicación con H. Pilory el paciente persistiera con clínica de dispepsia podríamos hablar entonces de dispepsia funcional si cumple los criterios diagnósticos indicados anteriormente e intentar realizar el abordaje terapéutico según el subtipo de dispepsia funcional presente.


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