El gobierno del presidente Paz anda de ñañas con el FMI desde hace tiempo. Lo que hace unos meses era una relación clandestina hoy está a punto de oficializarse. El FMI dejará de ser la belicosa suegra con la que algunos lo comparaban para vestirse de blanco y subir a uno de los pisos superiores del BCB desde donde supervisará su nueva relación. El gobierno ha decidido compartir techo junto a este organismo internacional en la implementación de las políticas de ajuste macroeconómico y, en los hechos, cogobernar.
Recordemos que, durante la campaña electoral, el presidente Paz prometió que no acudiría al FMI. Empero, el pasado 22 de julio, confirmó una vez más que el acuerdo está prácticamente sellado, y lo más inaudito es que ya se lo viene implementando. Las fotografías en varios encuentros públicos previos parecen testimoniar que este romance comenzó a gestarse entre finales del año pasado —días antes del gasolinazo— y desde principios del presente, tal como advertimos en su momento.
Meses antes del anuncio oficial, los medios afines al gobierno iniciaron el trabajo preparatorio para este peculiar acto. Titulares cuidadosamente elaborados comenzaron a instalar la idea de que no existía otra salida que recurrir a los billetes verdes del Fondo. Como sucede cuando un joven decide escaparse con una muchacha y luego los parientes salen a justificar el escándalo diciendo que «son cosas de jóvenes», también aquí se buscó normalizar lo que antes era impensable.
Como prueba de amor, y antes del disfrute de la luna de miel, el Fondo habría solicitado las primeras demostraciones de compromiso institucional: nivelación de precios de los combustibles, flexibilización cambiaria, congelamiento de salarios en el sector público, liberalización de la importación de combustibles y privatización disfrazada de cierre o reestructuración de empresas públicas. Claro, como toda novia, antes de llegar al altar tenía su lista de exigencias y regalos; y, como no podía ser de otra manera, el FMI puso las suyas.
Pero esta relación dista mucho de ser idílica. Detrás de las sonrisas aparentes ante cámaras y de los abrazos diplomáticos hubo desacuerdos importantes que llevaron a prolongar las negociaciones por seis largos meses, en los que el propio gobierno consideró excesivas algunas de las condicionalidades planteadas. Sin embargo, la necesidad tiene cara de hereje y, como todo varón que teme que su prometida cambie de opinión, terminó aceptando todo. Seguramente ahora procurarán reconocer públicamente que son decisiones soberanas o que sólo los zurdos hablan de condicionalidades, pero la larga lista de informes, documentos y recomendaciones públicas realizadas por el FMI para Bolivia en los últimos 20 años los delata.
Este matrimonio, envuelto en el elegante atuendo nupcial de una ayuda financiera de USD 2.800 millones, persigue un objetivo común. Por un lado, sostener a un gobierno y a varios ministros cuyos cargos parecen pender de un hilo. Por el otro, abrir las puertas a toda la agenda de reformas neoliberales que difícilmente habrían sido políticamente viables en circunstancias normales y que encuentran en el actual estado de excepción el escenario ideal para su implementación.
La llegada del Fondo a Bolivia no es circunstancial. Forma parte de una estrategia deliberada de mayor alcance global, diseñada desde los centros del capitalismo financiero internacional, donde se celebra esta peculiar unión entre capitales privados —extranjeros y nacionales— y un gobierno dispuesto a ofrecer como regalo de bodas una nueva y generosa ley de inversiones.
Como parte de la música, la orquesta comunicacional del gobierno y sus aliados privados presentarán esta boda como el acontecimiento económico del año. Se hablará del acuerdo más importante jamás firmado entre el FMI y Bolivia. La deuda externa comprometida con el Fondo representa casi 3 veces más que toda la deuda histórica contratada con este organismo.
Los analistas afines, convertidos en querubines del altar, anunciarán el fin de la escasez de dólares y el nacimiento de un nuevo modelo económico, del mismo modo en que otros gobiernos de la región celebraron acuerdos similares con entusiasmo desbordante. Difundir la idea que las metas programadas por el gobierno satisfacen las necesidades del Fondo y que además ya fueron cumplidas buscará generar sumisión y resignación en la población, en un intento de convencer a los más desconfiados.
La boda ya fue anunciada, aunque no todos estamos invitados al banquete. Como ocurre en muchas celebraciones, los brindis, los discursos y los cócteles duran apenas unas horas. La verdadera historia comienza al día siguiente, cuando termina la luna de miel. Es entonces cuando la novia se quita el maquillaje, las pestañas postizas y el vestido blanco. Solo en ese momento el enamorado descubrirá si contrajo matrimonio con una inocente doncella o con una viuda negra.
