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“Es muy difícil avanzar en el glioma de bajo grado si no hay ensayos”

Gema Maldonado Cantero
Los gliomas de bajo grado pasan desapercibidos para la investigación biomédica. Como ocurre en otras enfermedades raras, la falta de recursos y de iniciativas en la búsqueda de biomarcadores que puedan dar pistas de cómo abordar estos tumores y abrir vías para desarrollar fármacos deja a estos pacientes huérfanos de opciones terapéuticas. Tampoco es fácil para los oncólogos que tratan con ellos. «Es frustrante», admite la Dra. María Ángeles Vaz al teléfono. Ella es una de las oncólogas especializadas en tumores cerebrales y buena conocedora de los gliomas de bajo grado.

No abundan los expertos en este tipo de cáncer cerebral poco frecuente, que tiene una incidencia de 0,51 casos por 100.000 habitantes. Vaz preside el Grupo Español de Investigación en Neurooncología (Geino) y en su consulta del Hospital Ramón y Cajal de Madrid ve pacientes que lidian con este cáncer, a los que por ahora solo puede ofrecer un esquema de tratamiento basado en quimioterapia, después de la resección del tumor, que tiene varias décadas y unos efectos secundarios que limitan mucho la calidad de vida de estos pacientes, que suelen ser jóvenes de entre 35 y 45 años.

No abundan los expertos en este tipo de cáncer cerebral poco frecuente, que tiene una incidencia de 0,51 casos por 100.000 habitantes

Ocho de cada diez diagnosticados de gliomas de bajo grado presentan una mutación de la enzima IDH (isocitrato deshidrogenasa). Es el único biomarcador disponible para estos tumores, que cuenta con una terapia dirigida aprobada por la FDA estadounidense desde 2024 y por la Comisión Europea desde hace diez meses. Por ahora, no hay nada más. Su financiación en España está en proceso de negociación. El Genio busca financiación para iniciar otro tipo de ensayos alejados de los tradicionales de fase II y III, que se convierten en misión casi imposible cuando hay pocos pacientes con esta enfermedad, cuyo avance es bastante más lento que otros tumores cerebrales.

Identificar biomarcadores nuevos y desarrollar terapias dirigidas es una de las claves en la oncología actual. ¿Hay investigación en marcha para encontrar nuevas dianas en el glioma de bajo grado?
En tumores cerebrales, concretamente en los gliomas de bajo grado, a día de hoy no hay ningún estudio clínico en marcha, quitando alguno que está abierto con inhibidores de IDH y tampoco hay ensayos clínicos con nuevos inhibidores de IDH. Hay estudios para avanzar en el conocimiento y el impacto que puede tener vorasidenib en otros contextos, en pacientes en los que puede ser un tratamiento de mantenimiento, pero no existe otro tipo de investigación clínica. Y ese es el gran problema: es muy difícil avanzar si no se investiga, si no hay ensayos clínicos y si no se van abriendo oportunidades.

«Hay que moverse hacia ensayos más estratégicos en tumores poco frecuentes»

Este tumor tiene baja frecuencia, ¿los ensayos basket pueden abrir una vía de investigación para estos gliomas, al permitir que se evalúe en un mismo en ensayo un fármaco en distintos tumores que comparten un biomarcador?
Probablemente la investigación en estos tumores pase por movernos hacia ensayos que sean un poco más estratégicos pensando en tumores poco frecuentes. En estos tumores es mucho más difícil hacer una investigación basada en ensayos de fase II o fase III clásicos, como se hacen con las patologías frecuentes, donde se reclutan un número muy alto de pacientes.

Habría que moverse hacia este tipo de ensayos clínicos en entidades que son poco frecuentes. Desde el Grupo Geino tratamos de avanzar en esa dirección con propuestas de ensayos, pero actualmente son más una intención que una realidad porque necesitamos poder lograr financiación para hacer estos estudios. Nos hemos presentado a convocatorias públicas para financiar ensayos plataforma [un mismo ensayo con el mismo grupo control que cuenta con varios brazos que evalúan diferentes tratamientos] y tenemos que ver si lo conseguimos.

Las estrategias terapéuticas en oncología tienden a la combinación de terapias. En el glioma de bajo grado, ¿podría combinarse el inhibidor de IDH con inmunoterapia?
Las combinaciones son posibilidades interesantes y puede ser un proyecto de futuro en gliomas de bajo grado. Pero, a día de hoy, no es una realidad que podamos ofrecer a nuestros pacientes. En España no hay ningún ensayo abierto con esas combinaciones y, hasta donde yo conozco, tampoco hay propuestas firmes de que vaya a ocurrir en un futuro cercano.

“Las combinaciones son posibilidades interesantes en gliomas de bajo grado. Pero, no es una realidad que podamos ofrecer a nuestros pacientes”

¿Por qué es tan difícil que puedan servir para estos tumores cerebrales estrategias que se utilizan para otros tumores?
Los gliomas de bajo grado son enfermedades muy infrecuentes, con lo que es muy difícil alcanzar una muestra adecuada para demostrar la eficacia de un fármaco. La dificultad de que los medicamentos atraviesen la barrera hematoencefálica es otro añadido.

Por otra parte, son tumores de lento crecimiento y esto dificulta la situación de demostrar el beneficio de una medicación y que puede cambiar la evolución mediante un medicamento, porque hay que esperar muchos años para confirmar realmente cuál es el impacto que el fármaco pueda tener en esta enfermedad.

Esto lo dificulta todo aún más y por eso los esquemas de quimioterapia que ahora mismo estamos utilizando parten de ensayos que se hicieron hace muchísimos años, a los que se les ha dado mucho tiempo para que tengamos resultados con una evidencia sólida.

«Muchas veces el glioma de bajo grado es el tumor que con menos frecuencia ve un oncólogo, lo que hace que no sea el principal foco de la atención de muchos de los especialistas»

Las asociaciones de pacientes señalan que hay pocos oncólogos que sepan abordar estos tumores. ¿Por qué hay tan pocos especialistas en este ámbito?
Son muchas las razones; por un lado, el glioma de bajo grado es una pequeña parcela de la oncología y es normal que la distribución de recursos se acople a donde hay más necesidades por número de casos. Esto conlleva que en muchos sitios un oncólogo se dedique a tratar más de una patología. Muchas veces el glioma de bajo grado es el tumor que con menos frecuencia ve un oncólogo que se encarga de varias patologías a la vez, lo que hace que, probablemente, no sea el principal foco de la atención de muchos de los especialistas.

¿Qué recursos existen para poder formarse en glioma de bajo grado?
En España probablemente la principal formación para un oncólogo viene de lo que Genio va ofreciendo. Anualmente hacemos un simposio en el que se hace mucho hincapié en la formación y en la puesta al día de todos los conocimientos disponibles. También se organiza un curso de formación para oncólogos que están empezando, en el que se revisan cosas un poco más básicas y se ponen situaciones de casos clínicos para tratar de dar esa formación más inicial.

«Fuera de la formación que ofrece Genio es más complicado formarse en glioma de bajo grado»

Además, hay un máster de neurooncología que también se ha promocionado desde el Genio, pero fuera de eso es más complicado formarse por el mismo motivo que no hay investigación; es mucho más fácil formarse en una patología más frecuente, donde en tu propio servicio probablemente hay muchas personas con capacidad para ir formando a las siguientes generaciones.

En España aún no está financiado el inhibidor IDH aprobado por la Comisión Europea. ¿Tienen ustedes alguna opción para utilizarlo a través de algún otro mecanismo, como el uso compasivo?
Hemos estado tirando del uso compasivo pero en los últimos meses se ha vuelto más complicado. Se puede acceder a través del procedimiento de medicación extranjera [importarlo previa autorización de la Aemps]. En estos momentos está pendiente de financiación en el Ministerio de Sanidad. Pero mientras se apruebe, existe una variabilidad en la capacidad de acceso a esta medicación, que depende del propio médico y del propio hospital.

«Hemos estado tirando del uso compasivo de vorasidenib, pero en los últimos meses se ha vuelto más complicado»

La FDA ya lo aprobó en 2024 y la Comisión Europea lo hizo en septiembre de 2025. ¿Qué es lo que están viendo en los pacientes tratados y qué indican los ensayos clínicos?
Lo que demuestran los datos es que se produce un retraso en la evolución de la enfermedad. Es decir, la métrica que conocemos indica que retrasa la supervivencia libre de progresión de una manera muy clara y, además, retrasa el tiempo hasta la siguiente intervención. Por otro lado, mejora la clínica. Ya tenemos datos de que hay un mejor control de las crisis comiciales en los pacientes que están en tratamiento, que es uno de los síntomas que en muchas ocasiones acompañan esta enfermedad. Hablamos de datos muy importantes.

¿Cómo gestiona desde el punto de vista emocional tener que explicar al paciente que apenas hay opciones terapéuticas ni de ensayos para su enfermedad?
Es frustrante. Como médico quieres poder ayudar a tus pacientes y cuanto más recursos tengamos, más fácil es poder hacerlo. Pero siempre entiendo que la cercanía, el manejo más adecuado de cada tratamiento en cada momento, poder estar y orientar las situaciones y que el paciente sienta que un profesional está para ayudarle, es parte de lo que podemos aportar al paciente y no deja de ser satisfactorio. Sentir que estás teniendo una relación cercana y muy profesional con el paciente. Poder hacer un acompañamiento, es también nuestra manera de visualizar estas situaciones tan difíciles.

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