Un jurado de Los Ángeles determinó el pasado miércoles que Meta y YouTube son culpables de haber inducido deliberadamente la adicción en una joven usuaria. El fallo pone en cuestión el diseño de las plataformas. La condena inicial es de $us 6 millones. El número es modesto en una industria multimillonaria, pero sus consecuencias van al núcleo del negocio.
Meta facturó $us 201.000 millones en 2025. El fallo de hoy no la arruina. Lo que sí hace es abrir una compuerta: hay 2.300 demandas similares esperando en fila, la primera de las cuales llega a juicio federal en junio. «Para las plataformas de redes sociales, la preocupación es que, tal como va este caso, podrían ir todos los demás», advirtió una abogada citada por AP. «Una vez que tienes este tipo de veredicto en un caso, simplemente abre las compuertas para muchos más”.
El algoritmo problemático
Durante décadas, las plataformas se escudaron en la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996, que las eximía de responsabilidad por el contenido publicado por usuarios. Los abogados de la demandante encontraron la grieta: no atacaron el contenido, sino la ingeniería. El scroll infinito, el autoplay, las notificaciones calibradas para generar ansiedad, los sistemas de recompensa variable. «¿Cómo se logra que un niño nunca suelte el teléfono? Eso se llama la ingeniería de la adicción», declaró en sala el abogado principal Mark Lanier. «Lo diseñaron así, le pusieron estas funciones a los teléfonos”.
El jurado aceptó el argumento. Meta y YouTube, concluyeron los doce jurados, sabían que sus plataformas eran peligrosas para menores y no advirtieron del riesgo. Joseph VanZandt, también abogado de la demandante, fue directo tras el veredicto. «Durante años, las empresas de redes sociales se beneficiaron apuntando a niños mientras ocultaban sus características de diseño adictivas y peligrosas. El veredicto de hoy es un referéndum —de un jurado, a toda una industria— de que la rendición de cuentas ha llegado”.
Las empresas rechazaron el fallo. Meta señaló que «la salud mental de los adolescentes es profundamente compleja y no puede vincularse a una sola aplicación”. Google argumentó que el caso «malinterpreta a YouTube, que es una plataforma de streaming construida de manera responsable, no un sitio de redes sociales”. Ambas anunciaron apelaciones.
El modelo al banquillo
El problema económico de fondo es estructural. El algoritmo declarado defectuoso no es un componente periférico: es el motor que genera los ingresos publicitarios. Scott Galloway, profesor de la NYU, puntualiza que «sus algoritmos descubrieron que la rabia, la autoestima y los videos graciosos de gatos simplemente mantienen a la gente en línea”. Ese descubrimiento algorítmico es ahora un hallazgo jurídico.
Para los anunciantes —que invierten cientos de miles de millones anuales en estas plataformas— el cálculo de riesgo cambia. John M. Bennett, director de la California Initiative for Technology and Democracy, calificó el modelo tecnológico como «fundamentalmente explotador, haciendo adictos a niños pequeños para crear consumidores de por vida, sin importar el costo para su salud”.
El excomisionado de la FTC Álvaro Bedoya fue más directo aún. «Un jurado de personas comunes ha logrado lo que el Congreso y hasta las legislaturas estatales no han podido: responsabilizar a Meta y Google por inducir a la adicción a sus productos por parte de los jóvenes”.
El fallo de Los Ángeles no destruye a las grandes tecnológicas. Pero el modelo que las hizo invencibles —algoritmos diseñados para maximizar el tiempo de pantalla a cualquier costo— está ahora bajo escrutinio.


