Este artículo nace del vídeo viral que muestra a un grupo de hombres, supuestamente de una fraternidad, compartiendo a una mujer (se entiende que prostituta) colocada sobre una mesa como bufet o primer plato o postre de un también supuesto “jueves de frater”, en que disfrutarían, no podría ser más específico, de carne a la parrilla.
Una fraternidad cruceña, cualquiera, ¿es posible un espacio más representativo del patriarcado en Bolivia? Por supuesto que hay más, pero esta institución social es una de las que más. Es una afirmación que puede ofender a algunos en la capital económica del país, Santa Cruz de la Sierra, pero es una realidad.
No se trata de hacer de este tema una crítica desde una moralidad y ética religiosa, como acabó siendo un programa periodístico de una conocida presentadora, Jimena Antelo, sino como ella intentó plantearlo: de humanidad, de ver a esa mujer como persona y no como un trozo de carne.
Sin duda, la fraternidad más famosa está en el lema de la Revolución Francesa, como concepto que representa la unidad ciudadana hermanada en solidaridad, libertad e igualdad. Lema muy bonito de una revolución que, ya entonces, excluyó a las mujeres de los “Derechos del Hombre”; de la ciudadanía, al no darles voz ni voto; al decapitar literalmente a Olympe de Gouges, una de las principales figuras femeninas de la lucha por los derechos; olvidándose, los revolucionarios, del peso de las mujeres en la Marcha sobre Versalles; y cerrando los clubes patrióticos, que eran espacios de discusión política organizados por mujeres. En fin, historia. De ella venimos, aunque haya un océano en medio.
La fraternidad en Santa Cruz es una institución social. Son varias fraternidades y forman parte o se derivan o conviven con las poderosas comparsas del carnaval que, a su vez, se las liga con las llamadas logias (redes potentes de élites de influencia económica y política local y nacional). Todas, de una manera u otra, hacen parte del control del poder en la sociedad cruceña, donde tiene que ver el poder económico y por eso es muy clasista; las relaciones étnicas y familiares de lo que se considera cruceño, por eso son de carácter racista; y donde mandan exclusivamente los hombres, por lo que son, también, muy machistas.
En estas redes de poder es muy difícil que ingrese un hombre de apariencia y apellido indígena, en especial si es del occidente del país (como un Mamani o un Quispe, así tenga dinero invertido en Santa Cruz); es muy difícil que lo haga alguien cruceño sin recursos, salvo para servir (hacerse cargo de preparar el churrasco en la parrilla o de tocarle música al grupo que manda); y, además, está cerrado a las mujeres.
Sí, se han creado fraternidades femininas; pero, generalmente conformadas por las esposas de los fraternos. Sin peso ni influencia, son anexos que tocan “asuntos de mujeres”. Ellas nunca han debatido con ellos en igualdad de derechos y responsabilidades sobre temas relacionados al poder, no lideran ninguna fraternidad ni, por ejemplo, ninguna mujer fue impulsada desde allí a ser Gobernadora.
Estas mujeres no tienen “jueves de frater” para afianzar lazos y establecer alianzas, como lo hacen los hombres que, también, en algunos casos realizan actos de alta complicidad y compromiso de lealtad por ser cuestionables, como la subasta de una mujer como objeto sexual, según se dijo en el programa de la periodista Antelo.
Uno de los allí entrevistados, representante de fraternidades, afirmó que estos hechos son contrarios a “los valores morales y éticos” y que se producen entre algunos grupos de hombres, que pueden ser profesores, curas o amigos de cualquier otra área, que no representan a las instituciones como tal. Tiene razón, en parte, porque ellos no actúan en representación de una la fraternidad o iglesia, pero estas instituciones propician esos hechos por su estructura patriarcal.
Ese es el patriarcado, un sistema social en que todas las instituciones, las normas y las costumbres, en grupo y a nivel individual, están dirigidas a dar a los hombres privilegios y poder sobre las mujeres. Por eso, el vídeo y todo lo que representa, con su total obscenidad en el ejercicio de ese poder, es un ejemplo claro de ello.
¿Qué hacer? Hay que cambiar ese contenido patriarcal de las instituciones y hacer una nueva sociedad, con ideales de igualdad social (económica, de género y étnica). En Santa Cruz y en Bolivia hay muchas mujeres y hombres que trabajan en ello. Allí está el camino.
