La pugna por las tierras raras y minerales críticos entre las potencias mundiales abre una oportunidad para la región latinoamericana que asume un rol con potencial para integrarse a las cadenas de suministro, según investigadores académicos.
Aunque su nombre pueda llevar a confusión, las tierras raras no son ni «tierras» ni especialmente escasas. De hecho, están ampliamente distribuidas en la corteza terrestre y la pugna por ellas despierta nuevas oportunidades para la región latinoamericana.
Forman parte de dispositivos de uso cotidiano, desde teléfonos móviles y computadoras hasta vehículos eléctricos y turbinas eólicas; de acuerdo a un reporte de Bio Bio televisión de Chile.
Lo que las convierte en un recurso estratégico no es su abundancia, sino la dificultad para encontrarlas en concentraciones suficientemente altas como para que su extracción sea rentable. Esa complejidad desató una competencia global liderada por China y Estados Unidos, en la que Latinoamérica busca abrirse espacio.
Según estudios de la Universidad Nacional de San Agustín de Perú, las tierras raras están conformadas por 17 elementos químicos: los 15 lantánidos —lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio—, además del escandio y el itrio, que suelen encontrarse asociados a ellos.
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Tierras raras
El término «tierras» proviene de una antigua denominación utilizada para describir ciertos óxidos minerales. Y, aunque se les llame «raras», varios de estos elementos son relativamente abundantes. El cerio, por ejemplo, es más común que el cobre en la corteza terrestre.
Según explicó a Deutsche Welle (DW) Sergio Ticona, investigador de la Universidad Nacional de San Agustín de Perú, el verdadero desafío radica en que estos elementos suelen estar dispersos en distintos minerales y no concentrados en un solo yacimiento, lo que hace que su extracción y refinación sean procesos técnicamente complejos y costosos.
En la actualidad, China concentra la mayor cantidad de yacimientos conocidos y, sobre todo, lidera la capacidad mundial de refinación, una etapa clave para transformar estos minerales en insumos utilizados por las industrias tecnológica, automotriz, energética y de defensa.
Ese dominio convirtió a las tierras raras en uno de los recursos más codiciados del siglo XXI y en un eje de la disputa geopolítica entre las principales potencias.
Latinoamérica
En este escenario, la región comienza a posicionarse como una región con potencial para integrarse a las cadenas globales de suministro.
Hasta ahora, Brasil es el único país latinoamericano que produce tierras raras de manera activa. Cuenta con operaciones en Goiás, un proyecto en Minas Gerais y nuevos hallazgos en estados como Amazonas, São Paulo y Paraná. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el país posee alrededor de 21 millones de toneladas métricas de óxidos de tierras raras.
Otros países, entre ellos Chile, comienzan a impulsar proyectos de exploración y desarrollo con el objetivo de aprovechar la creciente demanda internacional y reducir la dependencia de los mercados dominados por Asia.
Sin embargo, el desafío sigue siendo enorme. Para Antoni Camprubí, investigador del Grupo de Mineralogía, Yacimientos Minerales y Geofluidos del Instituto de Geología de la UNAM, la competencia regional aún está lejos de modificar el equilibrio mundial.
«La carrera por nuevos yacimientos sigue siendo una pelea entre enanitos contemplada plácidamente por el gigante que es China», afirmó el especialista en declaraciones a Deutsche Welle.
