El 16 de julio de cada año, todos los paceños festejamos un día más del primer grito libertario de América del Sur, pero de un tiempo a esta parte, lo venimos haciendo con un sabor agridulce, con la cabeza agachada y con los puños apretados, pero en los bolsillos, pues de ser una ciudad referente a nivel político y económico, ahora somos referente de inestabilidad, corrupción e inseguridad.
En la misma fecha, pero de 1809, varios patriotas se concentraron y cercaron lo que hoy conocemos como la plaza Murillo y sin pedir cabezas, sin hacer destrozos, pedían ser escuchados, pedían elegir sus propias autoridades, pedían dejar de ser una colonia sometida a cultura, normas y caprichos externos.
Esos hombres valerosos que gritaban libertad y pedían eco al resto de la ciudadanía, no eran grandes hacendados, ni eran grandes industriales, eran parte de la conciencia misma del pueblo, eran su sentir y su anhelo, eran abogados, eran sacerdotes, eran militares en retiro, eran Pedro, eran Juan, eran Melchor, eran Gregorio eran…el pueblo mismo.
Y como es de suponer, su grito incómodo, su reclamo enfureció, y meses después sus cabezas fueron expuestas como símbolo de fuerza e intimidación popular, habían sido juzgados por «traición al rey», Pedro Domingo Murillo (presidente de la Junta Tuitiva), Juan Antonio Figueroa (teniente coronel), Basilio Catacora (coronel indígena), Buenaventura Bueno (asesor de la Junta), Mariano Graneros (vocal de la Junta), Juan de la Cruz Machicado (Secretario de la Junta), Melchor Giménez, Gregorio Lanza y Apolinar Jaén, todos ellos y sus nombres con seguridad están inmortalizados en alguna calle o avenida de nuestra ciudad.
Pedro Domingo Murillo exclamó a manera de sentencia, la «tea que dejo encendida, nadie la apagará», y así se cumplió, años más tarde se consolidaba la independencia de nuestra patria y con ello la independencia paceña. Llega el comercio, llegan los ferrocarriles, se gana la guerra por la Sede de Gobierno, llega el centenario, llega el monstruo de Miraflores, el Palacio de Gobierno, llega el aeropuerto, llegan las inversiones, llegan los turistas, llegan los teleféricos, llega la Ciudad Maravilla…pero estos últimos años…ya no llega nada.
La ciudad de La Paz que antes del año 2000 ostentaba el primer lugar en varios aspectos; según datos del 2024 termina ocupando el tercer lugar (755.732 hab) en cantidad poblacional, por debajo de El Alto (885.035 hab) y Santa Cruz (1.606.672 hab), de igual forma, si hablamos de crecimiento económico, La Paz (dato estimado de PIB ciudad: 4.5 mil millones) fue desplazada por Santa Cruz (dato estimado PIB ciudad: 10 mil millones), lo que evidencia claramente por donde va la percepción de la población con respecto al progreso y desarrollo, ni hablar de otros indicadores como el de prosperidad o el de desarrollo humano, que fueron medidos por agencias externas, donde ni siquiera estamos entre los tres primeros.
Ni siquiera en términos culturales hemos podido consolidar nuestra cultura y nuestra identidad, pues hasta la clásica «verbena» que en otros años era muestra de personalidad paceña, este año fue entregada y vendida a la comercialidad de la cumbia, y no vamos a cuestionar si es o no una tradición paceña este tipo de música, pero definitivamente no representa a la totalidad de los paceños, que esperábamos algo de buen rock, o al menos grupos folclóricos o de fusión para esta fecha.
De los cerca de 150 alcaldes que tuvo la ciudad, desde el primero, que fue José María Linares hasta el último que fue el «negro Arias», (digamos que César Dockweiler no cuenta por la reciente temporalidad de su gestión) pocos de ellos han hecho suyo el sentimiento de Murillo y mantenido viva la llama, la llama política, la llama económica, la social y cultural, la mayoría ha cubierto la tea con indiferencia, odio y desamor a esta digna ciudad.
Bajo este panorama desolador, el desafío se hace mucho más grande, pues rumbo al tricentenario, mucha gente está convencida que alcanzaremos el desarrollo a base de bloqueos, huelgas, paros y piedras, a base de politiquería y pre vandalismo social, y que solo por ser Sede de Gobierno, el resto le debe rendir pleitesía.
El camino debe ser aprovechar realmente esa madurez política y exportarla hacia el mundo; aprovechar la infraestructura disponible para ser un hub nacional de servicios financieros, comerciales y tecnológicos; aprovechar la diversidad cultural, no para prestes, si no para posicionar nuestra rica cultural de la región.
La moraleja es… ¿quién volverá a encender la tea de Murillo?.
