
España es uno de los países con mayor esperanza de vida en el mundo. Sin embargo, esa longevidad convive con una desigualdad: las mujeres pasan más años con peor calidad de vida, una realidad que puede atribuirse al entorno en el que vivimos. Esta ha sido algunas de las cuestiones que se han abordado recientemente en el podcast ‘Salud con Perspectiva’, de Organon. Para la Dra. Vânia de la Fuente, médica, antropóloga y experta internacional en envejecimiento saludable, esta longevidad no fue el resultado de un plan deliberado: “Simplemente se dieron una serie de condiciones y una forma de vida saludable que han contribuido a llegar a este nivel”. La Dra. Carmen Gallardo, doctora en Epidemiología y presidenta de Fundadeps, comparte esa visión: “Envejecer es una etapa fisiológica de la salud humana. Y lo que más influye en cómo la vivimos son los estilos de vida”.
Una idea que conecta directamente con lo que señalan Susana García Bujalance, arquitecta y urbanista, y Ana María López Narbona, socióloga, ambas profesoras de la Universidad de Málaga: la forma en la que están diseñadas nuestras ciudades influye directamente en la actividad física diaria, en la conexión social y, por tanto, en la salud de quienes las habitan. Esa relación entre entorno y salud se manifiesta de forma distinta en mujeres y hombres. “Las mujeres caminan más, usan más el transporte público y se desplazan con patrones más complejos que los hombres”, explica García Bujalance.
Un urbanismo pensado principalmente para los desplazamientos directos entre la vivienda y el centro de trabajo, añade la experta, no siempre responde a esta realidad: “Genera una mayor carga de tiempo y estrés para las mujeres y una exposición a sistemas de transporte público a menudo deficientes, insuficientes o poco adaptados a estas necesidades de movilidad”. Ese desgaste cotidiano es, según las expertas, uno de los factores que ayudan a explicar por qué vivir más años no se traduce, para muchas mujeres, en vivir con mejor salud.
