Han pasado más de 500 años desde la invasión española, mediante el arribo de Cristóbal Colon en 1492, a estas tierras del Abya Yala, sobrenombrada desde ese episodio como América.
En 1992, ocasión de los 500 años de colonización, España, trató de suavizar el impacto genocida a los pueblos ancestrales del Abya Yala con el nombre de “Encuentro de culturas”. Esta postura institucional, aún permite que España conmemore el 12 de octubre como el “Día de la Fiesta Nacional o Día de la Hispanidad”, una leyenda blanca que históricamente ha destacado la difusión de la lengua castellana, la religión católica, el mestizaje y la creación de una cultura e infraestructura compartida entre ambos lados del Atlántico.
En el plano más intelectual, proliferaron frases como “no somos hijos de una sola patria”, aferrándose a la idea que “nuestra patria es el idioma español”. Incluso se sostenía que el “encuentro originó el nacimiento de la modernidad”. Se utilizó a una serie de escritores de este continente, además de políticos y artistas para justificar el pulimento del genocidio perpetrado. En esta línea se insistió con la idea de la iberoamericanidad, que en la práctica no es más que un enunciado con muy pocos seguidores.
Historiadores y representantes de los pueblos originarios rechazaron y rechazan la idea de un “encuentro” pacífico. Argumentando de que se trató de una invasión violenta, caracterizada por el sometimiento, la destrucción de los pueblos originarios, la explotación económica y abusos generalizados.
En los últimos años, países como México han exigido al Estado español y a la Corona un reconocimiento y una disculpa formal por las atrocidades de la penetración. Aunque desde la monarquía y el gobierno español se ha reconocido la existencia de abusos y dolores del pasado, pero aún se defiende la supuesta “complejidad del proceso histórico” y los lazos culturales actuales.
Pero España, no ha dejado de promover nuevas formas retóricas para desvirtuar la invasión a este continente. Por ejemplo, circula en las redes sociales, entrevistas, conferencias, entre otras, de Alfonso Borrego, historiador, artista y activista estadounidense, perteneciente al pueblo Apache chiricahua y supuestamente bisnieto, por vía materna, del famoso indio Gerónimo. Hay que recordar que Gerónimo (1829–1909) fue un famoso guerrero del pueblo Apache chiricahua que luchó por defender la tierra y la libertad de su pueblo contra los gobiernos estadounidenses y mexicanos. Su nombre nativo original era Goyaalé, que significa “el que bosteza”.
La España de hoy, sigue cuestionando la presumida “leyenda negra” al genocidio de los pueblos del Abya Yala, promoviendo al supuesto bisnieto de Gerónimo. Borrego, en largas conversaciones y entrevistas, sostiene que “los colonizadores ingleses en Norteamérica fueron los responsables del exterminio y desplazamiento de los pueblos indígenas, mientras que la colonización española favoreció el mestizaje y la permanencia de la población nativa”. Está claro, no es lo mismo que los propios españoles intenten defender el genocidio, que lo haga algún nativo y que proviene (o aparentemente) de un descendiente y figura anticolonial como Gerónimo.
Continúan las formas de colonialismo, hoy más asentada y pivoteada por países como Estados Unidos y sus gobernantes. Obviamente seguidos por varios políticos gobernantes del continente del Abya Yala. El giro gradual hacia la derecha colonial, es parte de esas políticas externas, que no permiten construir una verdadera democracia. En otras palabras, la llamada democracia en nuestros países se va convirtiendo, bajo nuevos métodos y engranajes, en políticas de dominación, dependencia, corrupción e incluso en acciones del narcotráfico de manera abierta y descarada.
El gran peligro es, el cercenamiento total de las soberanías nacionales y que seamos administradas bajo políticas coloniales estadounidenses, hoy expresadas en el “Escudo de las Américas” o similares, que se introducen bajo diferentes mecanismos de opresión, incluido el colonialismo interno de los políticos criollos y mestizos. Amtasiñapuniwa kunats akham sarnaqtanxa, jisk’achata, uñisita una janq’u q’aranakan purinipkix ukkhata, ¿janicha?
