Dron Acemoglu y James Robinson, ambos profesores de economía, reflexionan sobre el fracaso o prosperidad de los países en el libro que lleva por título: ¿Por qué fracasan los países?
La tesis central de ambos economistas radica en que las desigualdades no son consecuencias solo de decisiones económicas sino de la existencia o inexistencia de instituciones políticas democráticas que constituyen el marco de esas decisiones. La dicotomía conceptual que proponen se desarrolla en el antagonismo entre las llamadas instituciones extractivas y las llamadas instituciones inclusivas. Las primeras, las extractivas, son las que tienen como finalidad extraer rentas y riqueza de un conjunto de la sociedad para beneficiar a una élite, mediante monopolios y restricciones de entrada, estas instituciones gestionan de manera deficiente el poder pues lo concentran en pocas manos, suelen ser autoritarios y designan en cargos políticos a miembros o amigos de las élites a las que los gobernantes pertenecen, de esta manera cooptan las instituciones y las ponen a trabajar para intereses particulares. Por otro lado, las instituciones inclusivas son aquéllas que posibilitan y fomentan la participación de la mayoría de las personas en actividades en las que aprovechan mejor su talento y habilidades y permiten que cada uno pueda elegir mejor su destino sea individual o colectivo, estas instituciones distribuyen el poder político de manera amplia, garantizan un Estado de Derecho de pleno respeto de la Constitución y contribuyen al fortalecimiento de un sistema democrático plural, constituyendo un círculo virtuoso de estabilidad y apertura al cambio social con una constante rotación de líderes políticos. Para Acemoglu y Robinson, dependiendo del tipo de instituciones que posea un país, el mismo puede prosperar o fracasar.
En su libro más reciente, titulado “El pasillo estrecho”, Acemoglu y Robinson continúan con su teorización sobre instituciones inclusivas e instituciones extractivas, y afirman que la libertad no es del orden natural y que tanto la fuerte presencia del Estado como su debilidad o ausencia pueden limitar la libertad e incluso eliminarla, en consecuencia, la libertad es solo posible en un difícil equilibrio, es decir, en un pasillo estrecho, entre el Estado y la sociedad civil, a través de instituciones inclusivas, respetuosas del Estado de Derecho, de la Constitución y del diálogo ciudadano.
La figura que utilizan Acemoglu y Robinson para explicar la presencia del Estado es la del Leviatán despótico, el Leviatán ausente y la del Leviatán encadenado, lógicamente la primera figura refiere a una fuerte presencia del Estado en el que el poder desborda cualquier garantía constitucional; en contraste, la segunda figura es la ausencia del Estado y el posible gobierno de los más fuertes y las élites económicas; y la tercera refiere a la capacidad de la sociedad civil para establecer derechos y límites a los gobiernos, lógicamente a partir de una democracia fuerte y robusta expresada en instituciones como la Constitución, sus derechos y garantías, así como de una participación informada de la población.
Los riesgos de un Leviatán despótico o de un Leviatán ausente, llevan a los autores a reflexionar sobre la quiebra de las democracias y, en consecuencia, los riesgos de una debilidad cada vez mayor del Estado de Derecho. Los líderes políticos que se sirven de la democracia para la toma del poder tienden a construir un Leviatán despótico para unos y un Leviatán ausente para otros, y se pasan el tiempo tratando de explicar que sus actuaciones fueron en busca de proteger derechos y libertades, cuando tienden a despreciar y ver la Constitución y sus garantías como un obstáculo a superar.
