David Brooks acuñó el término “dataísmo” como el fenómeno que muestra que todo lo mensurable ha empezado a medirse de una manera desconocida hasta hoy, de esta manera los datos registran información, emociones e ideología, que permitirán predecir comportamientos futuros.
Los sensores de los smartphones o teléfonos inteligentes registran temperatura corporal, glucosa, calorías, movimiento, pulsaciones y lo hacen durante el día y la noche. Cada clic, cada palabra tecleada en un buscador en la red digital, cada atención que ponemos a una imagen en la pantalla de un smartphone, ofrecen una representación, incluso más precisa, de la imagen que tenemos de nosotros mismos. Con la extensión de la web 2.0 (internet de las personas) a la web 3.0 (internet de las cosas), incluso los objetos cotidianos que nos rodean se convierten en proveedores activos de datos.
El filósofo coreano Byung Chul Han advirtió hace muchos años sobre el uso político del dataísmo que permite dirigirse a los electores con mensajes personalizados, haciendo que comprar, votar, aceptar un Estado de emergencia o una medida económica que podría perjudicarlos, se realice de una manera que antes no era posible, en tanto no se contaba con un acceso a la psique de las personas, así la política tradicional de campañas y mensajes genéricos se desplaza hoy a una psicopolítica digital de emociones y manipulación que podría anticipar los procesos psíquicos y políticos de manera prospectiva e influir en nuestras elecciones y preferencias.
¿Cómo se realiza esta manipulación? Byung Chul Han señala que el dataísmo, entendido en lo material como “Big Data”, otorga acceso a una inmensa base de datos que incluyen microacciones inconscientes y patrones de comportamiento colectivos, que dan acceso a un verdadero «inconsciente colectivo» o «inconsciente digital», permitiendo que la “data mining” –propiamente traducido como minería de datos que analiza grandes masas de información en busca de patrones, correlaciones y tendencias de pensamiento– se redireccione a un “microtargeting”, que permite identificar a compradores o votantes persuasivos sobre un tema específico, y dirigirles mensajes personalizados que permita apoderarse del comportamiento de las masas a un nivel que escapa por completo a la conciencia, así se explican compras y elecciones que hemos hecho y que hacemos sin saber por qué.
El encontrar una granja de bots no es solo encontrar dispositivos coordinados para dar “likes” a las publicaciones en Facebook o en otras plataformas, el problema es mucho más complejo, pues no solo se trata de un uso de datos sino de un gran negocio, en tanto los datos personales se capitalizan, comercializan por completo y se los usa (psico) políticamente, así los individuos mismos devienen mercancía, subjetividades políticas de desgano y claramente votos.
