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¿Quién reemplazará a Cerimedo? – La Razón

Un presidente, siete asesores y un mar de mierda.

Rodrigo Paz está destrozado: pero no es la estanflación lo que le preocupa, sino quién reemplazará a Cerimedo.

Era genial —piensa—. Tenía un talento salvaje para descifrar el caos. Lo apagó la llama del amor. ¿Su mayor contribución? Haber convertido a Edman Lara en un espantajo, a costa de bullying digital y granjas de trolls, con las que se desacreditaban personas, amedrentaban voces, instalaban noticias falsas y se defendía lo indefendible. Lo peor: haber grabado las infidencias del archonte Paz Pereira.

Contradictorio con su último relato, busca desesperadamente al primero que abandonó el barco: Doria Medina, quien dispara sin preámbulos:

—Rodrigo, el país no se arregló, simplemente cambió de escenografía. Pasamos de la chompa de Evo a la estética de sastre italiano, pero el manejo es el mismo. Decidiste atornillarte a las comodidades de la burocracia estatal. ¿Qué quieres de mí?

—Bueno, Samuel, basta de parafernalia. Tú sabes que soy mejor orador que tú. Solo quiero saber qué consejo de política económica me das.

—Reanimar un poco esta economía alicaída: con privatización.

El siguiente es Tuto, quien la tiene clara:

—El verbo de tu gestión debió ser la aprehensión de Evo, pero es tarde para ello. Lo único que podrías hacer, con ayuda del FMI, es utilizar la “contabilidad creativa” para seguir engañando giles.

Ahora es el turno de Jaime Dun, quien sostiene:

—La economía puede y debe funcionar sin la menor intervención estatal; el problema es que el Estado, bajo tu administración, se está convirtiendo en la asociación criminal más grande del mundo.

Depurando todo lo anterior, llama a un experto en relativizar para editorializar: José Pomacusi, quien inquiere:

—Como sostenía Godard, son efectivamente las formas las que nos dicen qué hay en el fondo de las cosas. Ese fondo lo podemos reescribir por módicos auspicios.

Pero nada convence a Paz Pereira, hasta que se le ocurre consultar al monarca escatológico Evo Morales: el más grande creador de retórica grandilocuente durante 20 años, quien aconseja:

—Dale la cara al pueblo y diles: “Estamos mal, pero vamos bien”.

Paz queda más que encantado con el consejo y dice:

—Una cosita más, Evo: ¿qué hago con la Bellernovela?

—¡Uh, eso! No podría revelarte, porque sería como renunciar a mi derecho irrenunciable de repostularme.

Paz queda cabizbajo.

No hay reemplazante para Cerimedo.

Le pregunta al asesor ChatGPT, quien, fiel a su naturaleza, le entrega tantas opciones que a Paz Pereira le da pereza leerlas.

Entonces, confundido, exhausto y probablemente al borde de una epifanía administrativa, contempla en Facebook una imagen que muestra a un grupo de políticos hundidos en un mar de excremento que les llega hasta el cuello.

Y piensa:

—¡Así estoy yo ahora!

Y he aquí que, en medio de semejante revelación escatológica, aparece la verdad conclusiva, esa verdad que suele llegar cuando ya no quedan asesores, operadores ni consultores que consultar.

Es entonces cuando me veo obligado a entrar en escena.

Yo, simple escritor dicharachero, sin despacho, sin granja de trolls, sin contabilidad creativa y, hasta donde recuerdo, sin ninguna relación contractual con el Palacio, me permito formularle un humilde consejo:

—Rodrigo, si piensas que estás en un mar de mierda hasta el cuello, solo hay una cosa que debes hacer:

No hagas olas.

Y ahora sí, para evitar cualquier malentendido, debo confesar algo: soy mitómano. Todo lo que escribo me lo invento.

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