Cuando el invitado a la fiesta termina queriendo quedarse con la casa, es lo que paradójicamente viene sucediendo en la oposición política de este país. Bolivia y sus políticos tienen una extraordinaria capacidad para modernizar los discursos sin abandonar jamás las viejas mañas. Cambian las siglas, cambian los colores, cambian las fotografías, cambian de aliados, cambian de enemigos y, cuando las circunstancias lo requieren, hasta cambian de principios.
Lo único que aparentemente permanece intacto es esa maravillosa costumbre nacional de creer que la memoria del ciudadano dura aproximadamente lo mismo que una conferencia de prensa.
Ahora resulta que la senadora Tomasa Yarhui descubrió una nueva epidemia nacional: el transfugio político. Y la acusación cayó sobre Branko Marinkovic y sobre otros parlamentarios que han decidido marcar distancia de Jorge “Tuto” Quiroga.
¡Gravísimo; Terrible; Imperdonable!! cómo podría estar refiriéndose una destacada periodística que tenía éxito promocionando artículos para la venta por televisión… Solo existe un pequeño problema: antes de acusar a alguien de abandonar una casa, sería conveniente revisar quién era realmente el propietario.
Porque aquí empieza la parte divertida. Primero volvamos al 2025, para participar de una elección nacional no basta tener amigos, seguidores en Facebook, entusiasmo, buenas encuestas, una linda fotografía, un club de admiradores ni quince personas gritando el nombre del candidato. Se necesita una organización política reconocida legalmente. Y cuando dos o más partidos deciden concurrir conjuntamente a una elección, constituyen una alianza política.
No es una peña, no es un grupo de WhatsApp, mucho menos una corte de aduladores alrededor de un candidato… Es una figura jurídica.
¿Y quiénes constituyeron jurídicamente la Alianza Libre que participó de las elecciones de 2025? El Frente Revolucionario de Izquierda —FRI— y el Movimiento Demócrata Social —Demócratas—. Para que quede claro, porque así quedó establecido cuando el 14 de abril de 2025 se formalizó el acuerdo electoral…Tuto Quiroga era su candidato presidencial.
Una diferencia pequeña en apariencia, pero gigantesca cuando alguien pretende ahora repartir certificados de propiedad política. Porque una cosa es ser candidato de una alianza y otra muy distinta es ser dueño de los partidos que conformaron esa alianza.
Pero en Bolivia hemos perfeccionado tanto el caudillismo que terminamos confundiendo al candidato con la institución, al jefe con el partido y al liderazgo con una escritura de propiedad.
Y aquí aparece el detalle maravilloso… El actual partido Libertad y República (Libre) vinculado a Tuto Quiroga obtuvo su personería jurídica nacional recién el 21 de noviembre de 2025. Sí. Leyó correctamente. Noviembre de 2025. Después de las elecciones. Después de que los bolivianos votaran. Después de que los senadores y diputados hubieran sido elegidos.
Y existe un detalle todavía más incómodo para quienes hoy pretenden reescribir la historia: el propio vocal del Tribunal Supremo Electoral, Tahuichi Tahuichi Quispe de aquella entonces, explicó públicamente que el nuevo partido Libertad y República era jurídicamente distinto de la Alianza Libre que había participado en las elecciones de 2025.
Entonces hagamos algo revolucionario para la política boliviana: usemos la memoria. En julio de 2025, en plena campaña electoral, el movimiento político de Tuto recién comenzaba la recolección de firmas para constituirse posteriormente como partido.
Por tanto, el partido que hoy algunos parecen considerar propietario absoluto de aquella bancada todavía no tenía personería jurídica nacional cuando se construyó la alianza electoral.
Existía políticamente como proyecto. Existía Tuto como candidato. Existían sus seguidores. Existía su estructura electoral. Pero jurídicamente la alianza que compitió estaba sustentada por organizaciones políticas que sí tenían personería. Entre ellas, precisamente, Demócratas… Qué pequeño detalle, ¿no ve? Como diría el ciego.
Ahora hablemos de transfugio. La Ley 1096 de Organizaciones Políticas define claramente esta figura cuando dice claramente “Un representante puede incurrir en transfugio cuando adopta otra militancia, declara su independencia de la organización o alianza que lo postuló —en el caso previsto por la norma— o asume públicamente posiciones contrarias a sus principios, plataforma o programa”
Y la misma ley establece algo fundamental: el escaño pertenece a la organización política que lo ganó, sola o en alianza. Perfecto. Entonces discutamos jurídicamente. Pero discutamos todo. No solamente el pedacito de la norma que resulta conveniente para una conferencia de prensa.
Porque los curules de 2025 fueron obtenidos por la Alianza Libre, no por un partido Libertad y República que obtuvo su personería posteriormente. Y esa Alianza Libre estaba jurídicamente constituida por partidos que hicieron posible su participación electoral. Entre ellos, precisamente, el partido al que pertenecen varios de quienes hoy son acusados de “traidores”.
¿Entonces quién traicionó a quién? Esa es la conversación que deberían tener. Porque si un senador de Demócratas se distancia políticamente de Tuto Quiroga, la primera pregunta no debería ser:“¿Cuándo devuelve el curul?”
La pregunta previa debería ser: ¿quién tiene jurídicamente la facultad de reclamárselo? ¿El partido Libertad y República creado después de las elecciones? ¿Tuto Quiroga personalmente? ¿La estructura de la Alianza Libre? ¿Los partidos que jurídicamente la constituyeron? ¿O quienes hoy controlan políticamente una bancada pretenden convertir ese control en derecho propietario?
Ahí comienza la discusión seria. Y tendrá que resolverla quien corresponda conforme a la Ley 1096, los documentos constitutivos de la alianza, sus estatutos y los procedimientos internos respectivos. Porque una columna puede ser sarcástica. La ley no debería serlo.
Hay además algo preocupante detrás de toda esta pelea. Parece que algunos dirigentes bolivianos continúan creyendo que un parlamentario fue elegido para levantar la mano cuando el jefe silba. Si vota diferente: traidor; Si cuestiona: vendido; Si conversa con el Gobierno: tránsfuga; Si apoya una ley beneficiosa para el país presentada por el adversario: sospechoso. Y si piensa por cuenta propia… bueno, semejante extravagancia todavía no está contemplada adecuadamente por nuestros partidos.
Branko Marinkovic, Ernesto Suárez y otros legisladores pueden equivocarse. Pueden ser criticados. Pueden cambiar de posición. Y, si jurídicamente incurrieron en transfugio, existe una ley y existen procedimientos para determinarlo. Pero lo que resulta bastante más difícil de aceptar es que una diferencia política con Tuto Quiroga sea automáticamente convertida en una traición a la democracia.
Porque Tuto fue candidato presidencial. No fue ungido propietario de cada conciencia que llegó al Parlamento bajo aquella alianza.
Después de veinte años de masismo, una crisis económica gigantesca y una democracia desesperada por reconstruir instituciones, nuestros políticos parecen haber encontrado finalmente el gran problema nacional: quién es dueño de los parlamentarios.
Mientras el país necesita leyes, inversiones, empleo, seguridad jurídica y gobernabilidad, parte de nuestra clase política continúa entretenida repartiendo certificados de lealtad. Y quizá ese sea precisamente nuestro verdadero problema.
No tenemos demasiados tránsfugas. Tenemos demasiados dueños de partidos. Demasiados jefes convencidos de que una sigla es una propiedad privada. Demasiados candidatos que creen que los votos obtenidos les pertenecen personalmente. Y demasiados legisladores que durante décadas aceptaron que pensar diferente equivalía a traicionar.
Así que antes de seguir gritando: ¡TRÁNSFUGA! quizás convendría sacar del cajón los documentos de abril de 2025, leer quiénes constituyeron jurídicamente aquella alianza y recordar cuándo nació jurídicamente el actual partido Libertad y República.
Puede aparecer una sorpresa. Porque en esta tragicomedia política boliviana quizá terminemos descubriendo algo extraordinario: que algunos quieren expulsar de la casa a quienes ayudaron a construirla… cuando ellos todavía ni siquiera tenían las escrituras.
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