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El futuro también se prepara

Hace unos días estuve frente a un grupo de jóvenes que acababa de terminar una etapa importante, una de esas que marcan un antes y un después en la vida. Diez de ellos obtuvieron las mejores calificaciones del Concurso Nacional Bachiller UPSA–CAINCO y recibieron una beca para iniciar su formación universitaria.

Mientras los escuchaba y veía la expectativa con la que recibían este reconocimiento, escuchaba también entre sus padres orgullosos una frase que repetimos con frecuencia: los jóvenes son el futuro. Pero quizás estamos poniendo la mirada demasiado lejos. Esos jóvenes ya son parte del presente y las decisiones que tomemos hoy determinarán qué oportunidades tendrán para aportar al país.

Bolivia necesita profesionales preparados. Los necesita en las empresas, emprendiendo, investigando, desarrollando tecnología y también asumiendo responsabilidades en nuestras instituciones. Pero la preparación que necesitamos no termina en un título universitario.

Necesitamos poner la ética de trabajo en el centro.

La ética se demuestra al cumplir una responsabilidad, aunque nadie esté mirando. En prepararse para un puesto antes de ocuparlo. En reconocer que no sabemos algo y tener la disciplina para aprenderlo. En entender que una decisión profesional, empresarial o pública tiene consecuencias sobre otras personas.

Esto importa especialmente cuando hablamos de corrupción. Con frecuencia pensamos que para combatirla necesitamos más normas, nuevos controles o leyes más duras. Muchas de esas herramientas son necesarias, pero ninguna ley puede reemplazar a las personas que deben aplicarla.

Podemos diseñar mejores instituciones, pero necesitamos personas capaces de hacerlas funcionar.

Por eso, cuando discutimos sobre nuevos empleos, nuevas normas o la transformación de nuestras instituciones, también deberíamos preguntarnos quiénes estarán preparados para asumir esas responsabilidades. El mérito y la capacidad no pueden quedar en segundo plano. La capacidad para ocupar un puesto no puede ser negociable.

No basta con ser joven para representar un cambio. Las nuevas generaciones tendrán que prepararse, desarrollar pensamiento crítico, aprender a utilizar la tecnología sin dejar que esta piense por ellas y, sobre todo, construir una forma de trabajar basada en el conocimiento, la responsabilidad y la integridad.

Desde las empresas y las instituciones también tenemos una tarea. Debemos abrir espacios donde el talento pueda desarrollarse y donde el mérito sea reconocido. El concurso Nacional Bachiller UPSA–CAINCO parte precisamente de esa convicción: acercar la formación al mundo empresarial y reconocer a jóvenes que demostraron, desde temprano, constancia y disciplina.

Al salir del encuentro entendí un poco más la responsabilidad que tenemos hoy con la generación que viene. Pero también vi en ellos la conciencia de la responsabilidad que algún día les tocará asumir. Ojalá ese brillo que vi en sus ojos aquella tarde se mantenga con los años, cuando lleguen las decisiones difíciles, cuando ocupen puestos de responsabilidad y cuando nadie esté mirando.

El país lo necesita.

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