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Un mantenimiento deficiente del acceso vascular impacta en la seguridad del paciente, aumenta costes y empeora la presión asistencial

Nieves Sebastián Mongares
Un mantenimiento deficiente del acceso vascular puede derivar en diferentes complicaciones. Estas pueden prolongar las estancias hospitalarias, aumentar los costes sanitarios y la carga de trabajo del personal e, incluso, en los casos más graves, comprometer la vida del paciente. Por ello, contar con protocolos y herramientas que ayuden a homogeneizar la práctica clínica en el cuidado de catéteres contribuye a reducir la variabilidad clínica y mejorar los resultados en salud.


 

Como explica Elisabeth Lafuente, enfermera referente del Equipo de Infusión y Acceso Vascular en el Hospital del Mar y presidenta de la Sociedad Española de Infusión y Acceso Vascular (Seinav), en este podcast realizado con el apoyo de Becton Dickinson (BD), las complicaciones derivadas de deficiencias en el acceso vascular pueden ser de diferentes tipos. Entre ellas están las bacteriemias, las trombóticas y las mecánicas. Según señala la experta, todas ellas pueden conllevar un aumento del tiempo de hospitalización y de costes pero, remarca, la más grave es la bacteriemia, un proceso infeccioso en el torrente sanguíneo que, en función de la causa y las características del paciente, puede llegar a poner su vida en riesgo.

Además, subraya, cualquier complicación que tiene que ver con el catéter conlleva una sobrecarga para los equipos asistenciales, con más curas, más controles, más pruebas diagnósticas o la necesidad de administrar tratamientos antibióticos si es bacteriemia, anticoagulantes si es trombosis… lo que implica más coordinación entre equipos”. Todo ello, agrega, repercute en una pérdida de eficiencia, restando tiempo para otros pacientes, además de condicionar otros aspectos como la disponibilidad de camas.

Lafuente explica que hay diferentes tipos de complicaciones, siendo la flebitis la más grave e implicando una prolongación de la hospitalización, aumento de costes y, en los peores casos, poniendo en riesgo la vida del paciente

“Otro aspecto importante es el impacto emocional que tiene sobre los equipos ya que, al ser complicaciones prevenibles, generan frustración y sensación de inseguridad”, lamenta Lafuente. Por ello, apunta a la importancia de trabajar con procesos estandarizados y seguros para mejorar la seguridad del paciente, el entorno de trabajo y la calidad asistencial.

En este contexto, Lafuente expone que “es muy importante entender que el acceso vascular no es sólo un procedimiento ni la inserción o canalización de un catéter; hay que tener en cuenta la selección del dispositivo, su colocación o decidir los casos en que no se coloca, la inserción, el mantenimiento que es parte clave y la retirada; todas las fases son igual de importantes”. Así, la enfermera referente en acceso vascular indica que todos los profesionales que intervienen en el proceso deben ser conscientes de las consecuencias que puede tener un déficit de los cuidados. “A veces podemos infravalorar el impacto del mantenimiento de un catéter por ser habitual en nuestra práctica diaria, pero puede derivar en complicaciones muy graves, por lo que es fundamental tener empatía hacia el dispositivo y lo que implica para el paciente”.

También, considera, “es muy importante conocer los indicadores de resultados y el proceso de nuestras unidades y servicios”. Siguiendo este hilo señala la necesidad de conocer el entorno, las tasas de bacteriemia, trombosis, retiradas accidentales o eventos adversos relacionados con el acceso vascular y notificados por los profesionales para poner soluciones al respecto.

“A veces podemos infravalorar el impacto del mantenimiento de un catéter por ser habitual en nuestra práctica diaria, pero puede derivar en complicaciones muy graves”

“Por mucho que digamos que tenemos un 7% de flebitis, a veces no entendemos qué implicaciones tiene; pero si analizo todos los eventos adversos y detecto que esta complicación ha derivado en una flebitis séptica y el paciente ha fallecido, podemos tanto profundizar en el dato como empatizar”, desarrolla Lafuente. Viendo la frecuencia y las implicaciones, puntualiza, se puede entender mejor la magnitud de un problema. “Dentro de este contexto de eventos adversos, el 40% son prevenibles; el dato nos ayuda y nos obliga a actuar”.

Con esta información, apunta Lafuente, es necesario definir e implementar mejoras. No podemos aplicar estrategias a ciegas porque a veces implican una sobrecarga asistencial y menos adherencia”. En este sentido incide en la necesidad de monitorizar, hacer observación de la práctica clínica y preguntar directamente a los profesionales qué dificultades encuentran y qué necesitan, individualizando las soluciones en cada caso.

En este contexto, expresa Lafuente, “las bandejas de mantenimiento son una estrategia de ayuda para estos profesionales, facilitando que el profesional tenga todo el material necesario disponible en el momento de la cura o manipulación”. “Esto tiene un impacto directo en eficiencia y seguridad, además de reducir tiempos sin tener que interrumpir el procedimiento”, agrega. Este punto, resalta, es de gran importancia dado que, como explica, las enfermeras pueden sufrir una media de cinco o seis interrupciones por hora, aumentando cada una el riesgo de error. También ayudan a mantener la asepsia con mayor facilidad al trabajar de manera más ordenada, homogénea y segura.

Herramientas como las bandejas de mantenimiento velan por la homogeneización de procesos, impactando directamente en la reducción de complicaciones asociadas al mantenimiento en acceso vascular

“Estas bandejas contribuyen a que todos los profesionales trabajen con los mismos materiales, siguiendo los mismos pasos, lo que reduce la variabilidad clínica injustificada”, afirma. Por todo ello, determina que “tienen un componente de cultura de seguridad que va más allá de tener el material agrupado”. Así, Lafuente concluye que “las bandejas disminuyen oportunidades de contaminación, homogeneizan prácticas y refuerzan la adherencia y estándares de cuidados”.  

 

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