Anuario iSanidad 2025
Mariano Pastor Sanz, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Pacientes Alérgicos y con Enfermedades Respiratorias (Fenaer)
En el contexto de la salud respiratoria, las vacunas frente a la gripe, el covid-19, el neumococo y el virus respiratorio sincitial (VRS) constituyen la vía más eficaz para prevenir complicaciones y hospitalizaciones. Pese a ello, los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas siguen enfrentando una doble paradoja: su riesgo elevado apenas se refleja en los objetivos y coberturas de vacunación, y los profesionales que los atienden muchas veces no están suficientemente inmunizados.


El Ministerio de Sanidad, en sus recomendaciones de vacunación frente a la gripe y el covid-19 para la temporada 2024-2025, estableció como objetivo una cobertura vacunal contra ambas infecciones del 75 % en mayores de 60 años y personal sanitario y del 60 % en personas con riesgo de complicaciones o cuadros graves en caso de contraerla, porcentajes que repite para la actual campaña 2025-2026. Sin embargo, los datos reales distan mucho de esa meta.
El propio ministerio indica en su portal estadístico que sólo un 30,4% de la población entre 60 y 64 años y un 59,47% de los mayores de 64 años se vacunaron contra la gripe en 2024. En cuanto al personal sanitario, sólo se inmunizó el 39,5%. Datos que, además de estar muy alejados de los objetivos fijados, muestran una tendencia descendente respecto a años anteriores.
Los datos, además de estar muy alejados de los objetivos fijados, muestran una tendencia descendente respecto a años anteriores
Por otra parte, informaciones recabadas por organizaciones de pacientes ofrecen datos bastante positivos de vacunación contra la gripe y el covid-19, algo inferiores en el caso del neumococo, pero muy bajos frente al virus respiratorio sincitial. Esto pese a que el VRS, aunque tradicionalmente se ha considerado un problema pediátrico, también representa una carga significativa en adultos con comorbilidades respiratorias, ya que está asociado a un mayor riesgo de enfermedad grave.
¿Por qué persiste esta discrepancia entre riesgos clínicos reales y cobertura de vacunación? En primer lugar, los planes estatales no desglosan suficientemente las coberturas por tipo de patología respiratoria crónica, lo que dificulta evaluar su protección real. Además, las campañas de vacunación varían en cuanto a priorización de colectivos entre comunidades autónomas y, en general, prevalece el criterio de edad sobre el de riesgo por enfermedad respiratoria crónica.
También la subutilización de las nuevas vacunas frente al VRS se explica en parte por la falta de priorización clara: muchos programas de prevención no consideran específicamente a los pacientes con EPOC o asma grave, a pesar de que presentan riesgos clínicos comparables a otros grupos reconocidos.
Muchos programas de prevención no consideran específicamente a los pacientes con EPOC o asma grave, a pesar de que presentan riesgos clínicos comparables a otros grupos reconocidos
Por otra parte, el nivel de concienciación entre los pacientes sobre la necesidad y los beneficios de vacunarse es mejorable, especialmente cuando han resurgido movimientos antivacunas generadores de informaciones tan alarmistas como falsas rápida y fácilmente difundidas a través de las redes sociales.
En tercer lugar, la aceptación vacunal en los profesionales sanitarios es débil por diversos motivos, entre los que se incluye no considerarse grupo de riesgo, a pesar de estar muy expuestos a posibles contagios y ser, a su vez, posible fuente de transmisión a sus pacientes. Además, se ha constatado que el personal sanitario recomienda la vacunación de forma desigual a los diferentes grupos diana.
Es imprescindible también activar campañas de educación y concienciación de los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas
Resulta, por lo tanto, fundamental replantear las estrategias vacunales desde un enfoque basado en evidencia epidemiológica y clínica. Un enfoque que incorpore explícitamente las enfermedades respiratorias crónicas como grupo prioritario en todos los programas de vacunación (gripe, covid-19, VRS); con metas concretas y que mejore la vigilancia de coberturas, recogiendo datos desglosados por tipo de patología respiratoria, para identificar brechas y orientar intervenciones.
Es imprescindible también activar campañas de educación y concienciación de los pacientes con enfermedades respiratorias crónicas, así como específicas para profesionales sanitarios; subrayando no sólo su protección individual, sino su papel como barrera para proteger a pacientes vulnerables.
Es hora de alinear las políticas con el riesgo clínico y cerrar la brecha entre los datos y las decisiones sanitarias para proteger mejor a quienes tienen los pulmones más frágiles.


