Mientras el litio y el oro concentran la atención pública, el wólfram acumula el mejor desempeño de la minería boliviana en la última década. El índice de volumen de producción, con base 2017, llegó a un promedio de 150.2 puntos en el primer semestre de 2026, un salto interanual de 17.2% frente al mismo período de 2025. Ningún otro mineral del sector —ni la plata, ni el antimonio, ambos también en expansión— muestra un ritmo de crecimiento comparable.
La serie completa confirma que no se trata de un repunte aislado. Desde 2018, el wólfram nunca volvió a caer por debajo de su nivel base: promedió 127.8 puntos ese año y superó los 156 puntos en 2024, su mejor marca hasta ahora. En febrero de 2026 el índice mensual tocó 266.6, el pico más alto registrado en el año.
El contraste con el resto del sector es marcado. El cobre, el mineral históricamente dominante, opera muy por debajo de su base 2017. El wólfram, en cambio, crece de forma sostenida sin figurar en la conversación económica. La actividad wolframífera se concentra principalmente en los departamentos de La Paz, Oruro y Cochabamba.
Este desempeño excepcional del wólfram está directamente vinculado con los drásticos cambios en el mercado internacional del tungsteno. Desde febrero de 2025, el precio global del tungsteno ha subido más del 550%, con el precio del APT (paratungstato de amonio) escalando de $us 900 por tonelada métrica a entre $us 1.650 y $us 1.900. En algunos períodos superando los $us 2.000.
