Estimado cliente, para detener el avance de la incertidumbre en su existencia, marque el número que aparecerá en su octavo sueño, a la derecha del corazón. Si quiere disecar una montaña para colocarla como trofeo primoroso en el último piso de la vitrina heredada de su abuela paterna, marque una vaca con marcador indeleble, para quedar como gente frente al creciente fervor por el maltrato animal. Califica como maltrato animal, toda obra escrita con ínfulas de barro y de abarcas recién envejecidas.
Si no quisiera nada de nada, en la vida propia ni ajena, no haga ninguna marca, no deje marcas de ninguna clase, ni en la piel, ni en las cabezas, ni en los corazones, ni en la patria deslucida, ni en el papel virtual ni en las academias de todas las pseudo ciencias. Para obtener el premio nobel de la gastronomía en su región, digite pimienta de tres colores y blanca y negra, dos piezas de cardamomo, un clavo de olor, mostaza de la india, ajonjolí, dos diminutas hojas de paico, el aroma extrañado del comino, una pizca de jengibre, cúrcuma fresca, dos ulupicas verdes unidas por un lazo familiar y un diente de ajo de altura.
Si quisiera tener éxito absoluto e inmediato en la deserción, desmarque de todo compromiso que huela a que usted deba dar algo de sí, para el resto, para la otredad. Piense exclusivamente en su billetera, en su jopo, en su zapatito que aprieta, en la estampita en la que quiere salir sin acompañante, en su contenido facineroso para la red que lo impulsa a ser cada treinta segundos más patético y desuniformado. Por si se le ocurre ablandar su corazón y finalmente declarar su amor profundo a una futura calaca que habita en tierra de nadie, escriba y describa todas las formas en las que la suma de uno más uno es uno. Que no son muchas, quizás una melodía en sikus con la técnica dialogal. Con seguridad, el sonido. Con somera duda razonable, los días soñados de una pareja que mira el atardecer desde las playas atestadas de invasores buenos.
Para domar a la bestia, no marque nada, solo vote, vote sin pensar y siga todas las consignas, crea todas las promesas para un futuro venturoso y alfombrado de justicia social, ese concepto que consiste en otras cuestiones de fe. Vote sin chistar por todas las voces que incluyan en sus diletantes oraciones fructíferas, la palabra pueblo, en medio de cada tres palabras. Vote y vaya luego a esperar en su puerta, en una silla, a que pase el cadáver de su amigo que votó lo mismo. Si necesita las mejores condiciones laborales y los mejores beneficios para su salud, marque en el calendario con un círculo, cada día que lea un poco, de todo. Un día un poema de Juarroz, otro día una reflexión sentida de Ariana Harwicz, otro, la verdadera historia de Malitzin. Otra semana, las recetas de la hermana que inventó el mole. Aplique todo lo aprendido en el formulario que debe llenar para obtener el puesto al que postula y espere también en una puerta, en una silla, a que pase el mal rato.
Para no olvidar ni un solo segundo de las horas pasionales, dibuje a lápiz, en una hoja de su ombligo, los labios que se cierran, el cuello que se mueve en señal de asentir, los hombros por los que resbala el cabello domesticado por la luz. Los pies desnudos, una vez, y otra vez, sobre la hierba fresca. Si no requiere otro servicio, fue un placer atenderle, que pase, si puede, una jornada apacible y feroz.
