Fernando Cerimedo habría intentado reproducir alrededor de Rodrigo Paz el esquema de poder que Santiago Caputo construyó junto a Javier Milei en Argentina.
Esa es la lectura que plantea Matías Caciabue, politólogo y docente universitario argentino, sobre el papel que Cerimedo habría buscado ocupar en Bolivia.
En entrevista con Piedra, Papel y Tinta de La Razón, Caciabue comparó directamente la trayectoria de ambos consultores.
Según explicó, Santiago Caputo alcanzó en Argentina una posición central alrededor de Milei pese a no ocupar formalmente un cargo público.
Caciabue considera que Cerimedo intentó trasladar esa misma lógica a Bolivia mediante su cercanía con el presidente Rodrigo Paz.
“Cerimedo intentó recrear ese esquema, esa forma de funcionamiento de Argentina, de Santiago Caputo, en Bolivia”, afirmó.
Cerimedo y el modelo Santiago Caputo
Caciabue describió a Caputo como un asesor situado en el núcleo de poder del Gobierno argentino pese a mantenerse fuera de la estructura estatal formal.
Recordó que Milei lo ubicó dentro del denominado “triángulo de hierro”, junto al propio Presidente y su hermana Karina Milei.
Desde esa comparación, el politólogo sostiene que Cerimedo buscó ocupar frente a Paz una posición semejante.
“Intentó recrear ese esquema (…) ocupando el lugar de Santiago Caputo en relación a Rodrigo Paz”, señaló.
La afirmación coloca el debate más allá del papel de Cerimedo como asesor de comunicación, relación que en las últimas horas el presidente Rodrigo Paz ha negado al igual que autoridades y funcionarios y asambleístas ocficialistas.
Para Caciabue, la cercanía con los centros de decisión puede convertir a este tipo de consultores en actores políticos aun sin nombramiento oficial.
El politólogo recordó además que Cerimedo comenzó como consultor transversal en Argentina, pero desde 2019 se acercó progresivamente al espacio libertario.
Trabajó inicialmente con Patricia Bullrich y luego alcanzó mayor notoriedad por su colaboración con Javier Milei.
Caciabue sostiene que desde entonces Cerimedo adquirió una proyección regional vinculada a campañas políticas y estructuras de comunicación digital.
“No son comunicación digital, son dispositivos de poder”
El segundo elemento de su análisis apunta directamente al funcionamiento de las redes digitales.
Caciabue afirma que Cerimedo llegó a administrar en Argentina una estructura de lo que él mismo denominaba “milicias digitales”.
Según su versión, estas redes utilizaban cuentas falsas y estrategias coordinadas para intervenir en el debate político y en la percepción de los usuarios.
El politólogo cuestiona por eso que estas operaciones sean consideradas únicamente marketing o comunicación electoral.
“No son comunicación digital o marketing político, estamos hablando de dispositivos de poder”, afirmó.
Para Caciabue, la salida o pérdida de influencia de un operador tampoco implica necesariamente la desaparición de esas estructuras.
Sostiene que Cerimedo formaba parte de un entramado mayor y que existen otros grupos capaces de continuar estrategias similares.
Ese planteamiento explica, desde su perspectiva, por qué la influencia política digital puede sobrevivir a quienes inicialmente construyeron determinadas redes.
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Una trama que cruza fronteras
Caciabue también ubica el recorrido de Cerimedo dentro de una dinámica política regional.
Menciona su acercamiento al espacio libertario argentino, su relación con campañas del bolsonarismo y su presencia en otros escenarios latinoamericanos.
El politólogo sostiene que existen estrategias equivalentes que se reproducen entre países aunque cambien sus protagonistas.
“Pueden cambiar uno u otro personaje, variar alguna dimensión del libreto, pero son estrategias equivalentes en curso”, afirmó.
También relaciona esas dinámicas con espacios internacionales de articulación conservadora y con actores tecnológicos vinculados a campañas digitales.
El punto central de la entrevista permanece, sin embargo, en Bolivia.
Para Caciabue, Cerimedo no habría buscado simplemente prestar servicios de comunicación a Rodrigo Paz.
Su interpretación es más amplia: habría intentado convertirse en un asesor informal con capacidad política, siguiendo el modelo que Santiago Caputo desarrolló alrededor de Javier Milei.
Desde esa perspectiva, el caso abre una pregunta que trasciende a Cerimedo: cuánto poder puede concentrar una persona cercana al Presidente cuando no tiene cargo, responsabilidad formal ni mecanismos claros de rendición de cuentas.
