Rafael Belmonte Gómez, diputado a Cortes Generales por Sevilla del Grupo Parlamentario Popular y secretario Segundo de la Comisión de Sanidad del Congreso
La convocatoria del MIR 2026 ha marcado un hito negativo en la historia de la Formación Sanitaria Especializada. Nunca antes se había visto tal nivel de desorganización en un proceso que afecta a más de 40.000 aspirantes. El Ministerio de Sanidad ha mostrado una preocupante falta de planificación y rigor, lo que amenaza la credibilidad del sistema.
El proceso MIR 2026 está lleno de errores que no deberían ocurrir en el s.XXI
Todo comenzó con la dimisión en bloque del comité redactor del examen. La falta de remuneración adecuada —tan solo cinco euros por pregunta— generó especulaciones sobre el uso de inteligencia artificial para elaborar el examen. Este hecho sembró dudas sobre la calidad y transparencia del proceso.
A ello se sumaron las caídas repetidas de la web durante las inscripciones. Miles de aspirantes tuvieron que intentarlo varias veces, evidenciando una infraestructura técnica insuficiente para un evento de esta magnitud.
La contratación tardía de la empresa encargada de gestionar las listas fue otro error grave. El contrato se cerró en noviembre, cuando debería haberse hecho en verano. Como consecuencia, las listas provisionales se publicaron el 15 de diciembre, con un retraso notable. Peor aún, esas listas contenían errores masivos: el 40 % de los admitidos aparecía con una media académica incorrecta. Aunque Sanidad reconoció 2.000 fallos, fuentes internas estiman entre 10.000 y 12.000 casos erróneos. Un problema sistémico que genera inseguridad jurídica.
El plazo para subsanar incidencias cerró el 2 de enero, dejando apenas uno o dos días hábiles para revisar miles de expedientes. Históricamente, este proceso requiere al menos dos semanas, lo habitual es un mes. La compresión de plazos hace inviable una gestión correcta. Más grave aún, el Ministerio emitió la Resolución para nombrar comisiones y fijar la fecha del examen antes de publicar las listas definitivas. Este procedimiento vulnera la propia Orden de Convocatoria y la Ley 39/2015, lo que podría llevar a la nulidad del acto.
Todo lo que está sucediendo es un precedente peligroso para la profesión médica
Hoy, más de 40.000 aspirantes no saben si están admitidos. Se han incumplido plazos, procedimientos y normas básicas. El MIR 2026 no solo es un caos administrativo: es un golpe a la confianza en el sistema sanitario y en la gestión pública. Si el caos es tan grande como un proceso de tal magnitud como el MIR, ¿ qué estará sucediendo en procesos menores y con menos presión mediática?

