Anuario iSanidad 2025
Dra. María Belén Cantón, gerente del Hospital Río Hortega (HURH)
La gestión sanitaria actual se encuentra en un escenario de alta complejidad, en el que el horizonte a perseguir y mantener es garantizar la sostenibilidad del mismo tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Un sistema sanitario construido sobre el principio de la universalidad, del que una de las características destacadas y determinantes es la accesibilidad al mismo.
Para lograrlo es imprescindible trabajar en conseguir el equilibrio en la triple balanza, es decir, entre las prestaciones que se tienen que garantizar, el valor que aporta cada una de las numerosas innovaciones —tanto a nivel del individuo como a nivel de la sociedad— y el gasto generado por las mismas.


Analizar las prestaciones que se deben dar a la población requiere de un análisis dinámico de las necesidades en salud de las personas, ajustando dichas necesidades a las pirámides de morbilidad y mortalidad de la población.


En este estudio se debe considerar incorporar prestaciones que cubran las necesidades relacionadas con determinantes sociales, ya que se ha comprobado la relación directa que tienen con la salud de las personas, fortaleciendo y cambiando así el sistema de salud en un sistema sociosanitario.
Los gestores sanitarios deben facilitar que la atención primaria asuma el liderazgo de esta transformación, para lo que habrá que hacer un esfuerzo aún mayor en la dotación de recursos, en los incentivos que favorezcan la motivación y la estabilidad profesional y en el refuerzo de la capacidad resolutiva de este nivel asistencial. Una atención primaria fuerte actúa como eje vertebrador en la prevención, la gestión de la cronicidad y la coordinación entre servicios.
Una atención primaria fuerte actúa como eje vertebrador en la prevención, la gestión de la cronicidad y la coordinación entre servicios
Asimismo, la atención domiciliaria debe consolidarse como un dispositivo asistencial más, plenamente integrado en el proceso asistencial, ya que su desarrollo es clave para responder adecuadamente a las necesidades de una población vulnerable, con limitaciones funcionales y alto requerimiento de cuidados continuados.
En cuanto a la innovación, es una parte fundamental en el avance del conocimiento para la mejora del manejo de las patologías que no podemos obviar, sin perder de vista el interés real para el paciente y para la colectividad, ya que el hecho de que la innovación tenga en cuenta a este segundo grupo de interés es clave para que el sistema sanitario pueda perdurar a lo largo del tiempo.
Antes de la incorporación de estos avances debe considerarse, entre otros elementos, el hecho de que las futuras generaciones puedan seguir beneficiándose de dicha innovación; o, lo que es lo mismo, recapacitar sobre si va a seguir aportando valor. Por lo tanto, apostar por innovaciones que no van a poder mantenerse a lo largo del tiempo, desde el punto de vista de la gestión sanitaria, podría no ayudar a su sostenibilidad.
Para añadir innovación sanitaria se debería contar con la participación social como uno de los puntos básicos en el sistema de decisiones y basarnos en criterios de formación para los miembros de la sociedad, con la implicación que conlleva.
Apostar por innovaciones que no van a poder mantenerse a lo largo del tiempo, desde el punto de vista de la gestión sanitaria, podría no ayudar a su sostenibilidad
El tercer desafío reside en apostar por acciones basadas en criterios técnicos, tanto sanitarios como económicos. Esta premisa se vuelve aún más relevante ante el reto persistente de la financiación, cuya sostenibilidad está en riesgo si no se acometen reformas estructurales. Para ello, puede ser más determinante redirigir los esfuerzos hacia medidas organizativas en materia sociosanitaria que al incremento de gasto; teniendo en cuenta aspectos cuantitativos, como la prevalencia de los procesos patológicos y sus complicaciones.
También aspectos cualitativos, que se operativizan en reforzar la calidad de la asistencia, lo que, en procesos menos prevalentes y de alta carga de enfermedad, puede aportar mayor valor al paciente que innovaciones técnicas de gran impacto económico y dudosos resultados clínicos.
Como gestores sanitarios, con una responsabilidad clara sobre la sostenibilidad de nuestro sistema, el hecho de incorporar en nuestra ecuación de toma de decisiones los factores explicados de los tres elementos de la triple balanza nos ayudaría a lograr el horizonte a perseguir y mantener.
Tribuna con el apoyo de Sedisa


