Las residencias y viviendas no sólo proporcionan un lugar donde vivir; son escenarios de empoderamiento y construcción de proyectos vitales

Nieves Sebastián Mongares
Para las personas con algún tipo de discapacidad, disponer de residencias o viviendas adaptadas es una gran aportación de cara a fomentar sus relaciones y autonomía. Aunque todavía falten recursos en este ámbito y quede camino por recorrer, sí que existen espacios que tienen en cuenta sus necesidades, las cuales van desde la adaptación del espacio físico hasta la necesidad de contar con profesional especializado. En este sentido, Noemí Silva Ganso, directora técnica del Centro San Juan de Dios Valladolid, señala que este tipo de estancias han experimentado una gran evolución y que son esenciales de cara al desarrollo personal de las personas que en ellas residen.

¿Qué aporta a las personas con discapacidad disponer de residencias y viviendas de cara a fomentar su autonomía? ¿Cómo contribuyen a desarrollar las habilidades de convivencia entre usuarios?
Disponer de residencias y viviendas adaptadas representa mucho más que un recurso asistencial, estos espacios permiten que cada persona pueda ejercer su derecho a vivir de forma independiente con los apoyos necesarios, tomando decisiones sobre su día a día. Desde una perspectiva técnica, estos entornos están diseñados para ofrecer apoyos personalizados que se ajustan a las necesidades, intereses y metas de cada usuario. Esto incluye desde adaptaciones arquitectónicas hasta metodologías de intervención centradas en la persona, que promueven la adquisición de habilidades funcionales, sociales y emocionales.

Además, la convivencia en estos espacios favorece el aprendizaje colaborativo. Compartir el día a día con otras personas fomenta la empatía, la resolución de conflictos, la comunicación, el respeto… En definitiva, las residencias y viviendas no solo proporcionan un lugar físico donde vivir, sino que se convierten en escenarios de empoderamiento y construcción de proyectos vitales significativos.

«La cocreación de espacios junto a las personas que van a vivir en el recurso, se convierte en una estrategia clave para garantizar que el entorno responda a sus proyectos vitales»

¿Cómo ha evolucionado la atención que se presta en este tipo de lugares de residencia para adaptarse a las necesidades cambiantes de las personas que hacen uso de estos recursos?
La prestación de apoyos en los recursos residenciales ha experimentado una transformación significativa en las últimas décadas, adaptándose a las personas con discapacidad intelectual y a los avances en el enfoque de derechos, inclusión y calidad de vida.

Hemos pasado de modelos predominantemente asistenciales y pedagógicos —centrados en la protección, la instrucción y la homogeneización de apoyos— a modelos centrados en la persona, donde cada individuo es protagonista de su propio proyecto vital. Este cambio implica reconocer que las personas no solo necesitan ser cuidadas, sino oportunidades para decidir, participar y crecer en entornos que respeten su identidad, sus preferencias y sus ritmos.

Las residencias ya no son espacios cerrados, sino plataformas de inclusión, donde se promueve la participación activa, la convivencia enriquecedora y la construcción de vínculos significativos. En definitiva, la atención residencial ha dejado de ser un «lugar para dormir y ser cuidado» a convertirse en un punto de partida hacia una vida plena, en consonancia con el proyecto de vida de las personas.

«Hemos pasado de modelos predominantemente asistenciales y pedagógicos a modelos centrados en la persona, donde cada individuo es protagonista de su propio proyecto vital»

¿Qué aspectos han de tenerse en cuenta de cara a crear este tipo de recursos para las personas con diferentes tipos de discapacidad?
El diseño de recursos residenciales debe partir de un análisis de las necesidades funcionales de las personas que van a hacer uso de ellos. No es lo mismo planificar una residencia para personas con grandes necesidades de apoyo, que requiere soluciones arquitectónicas específicas, apoyos intensivos y perfiles profesionales altamente especializados, que diseñar un recurso para personas con mayor autonomía, donde se priorizan otro tipo de aspectos.

En este sentido, la cocreación de espacios junto a las personas que van a vivir en el recurso, se convierte en una estrategia clave para garantizar que el entorno responda a sus proyectos vitales, favoreciendo así la mejora de la calidad de vida, eje central de nuestra misión. Asimismo, contar con equipos profesionales formados es esencial para que estos recursos se conviertan en entornos de desarrollo personal, convivencia significativa y bienestar sostenido.

¿Cómo se coordina desde el Centro San Juan de Dios Valladolid la atención que se presta a los usuarios que hacen uso de estos recursos en la ciudad?
Cada persona cuenta con un profesional de referencia que actúa como figura clave en el acompañamiento de su proyecto de vida. Este profesional apoya en la planificación, facilitando la gestión del entorno doméstico (como la organización de la vivienda, la administración de los recursos económicos compartidos y la resolución de conflictos de convivencia), así como promoviendo la participación activa en actividades de ocio inclusivo y comunitario.

Además, se fomenta la autodeterminación y la participación activa de los propios residentes en la gestión cotidiana de la vivienda. Son quienes elaboran sus propios planes de alimentación, confeccionan la lista de la compra, organizan las tareas de limpieza y asumen los quehaceres diarios, siempre con el acompañamiento y apoyo del profesional de referencia. Esta forma de trabajo favorece el desarrollo de habilidades funcionales, la responsabilidad compartida y la vida independiente.

«La convivencia en estos espacios favorece el aprendizaje colaborativo; compartir el día a día con otras personas fomenta la empatía, la resolución de conflictos, la comunicación o el respeto»

¿Qué necesidades no cubiertas cree que existen en cuanto a las residencias o viviendas para personas con discapacidad? ¿Qué puede hacerse para solventarlas y desde dónde se debe actuar?
Aún queda camino por recorrer para que todas las personas con discapacidad puedan acceder a una vivienda que se ajuste realmente a sus necesidades y deseos. Una de las principales dificultades es la falta de recursos residenciales suficientemente diversos y flexibles, capaces de adaptarse a los distintos niveles de apoyo que cada persona requiere. Esto se hace especialmente evidente en entornos urbanos donde la demanda es alta y las opciones disponibles son limitadas.

En muchos casos resulta complicado encontrar viviendas ya existentes que cumplan con los requisitos normativos y funcionales necesarios para personas con grandes necesidades de apoyo. Esto obliga a las entidades a iniciar proyectos desde cero, lo que implica una inversión de tiempo y recursos considerable. También es urgente reforzar los apoyos especializados en áreas como la salud mental, el envejecimiento o las conductas complejas. Son ámbitos que requieren una mirada más coordinada entre servicios sociales, sanitarios y comunitarios, y que no siempre cuentan con los recursos específicos que merecen.

Para avanzar, es necesario trabajar en red: administraciones públicas, entidades sociales, profesionales, familias y comunidad deben sumar esfuerzos desde una perspectiva compartida. Y, sobre todo, debemos escuchar a quienes más saben de esto: las propias personas con discapacidad intelectual. Solo incorporando su voz en el diseño, evaluación y mejora de estos recursos podremos construir entornos verdaderamente inclusivos donde cada persona pueda vivir su proyecto de vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *