MIR y vocación en Atención Primaria

Dr. José Martínez Olmos, profesor EASP y Ex Secretario General de Sanidad
La elección de plazas MIR no es solo una decisión individual. Es un indicador sistémico. Y lo que muestra, año tras año, es incómodo: las preferencias de los futuros médicos y médicas no están alineadas con las necesidades reales del sistema sanitario.

En la convocatoria actual, dermatología ha vuelto a agotarse el primer día. También cirugía plástica y estética se sitúan en las primeras posiciones. No es una sorpresa. Es una tendencia consolidada.  En el extremo opuesto, Medicina Familiar y Comunitaria vuelve a estar en un lugar no preferente. Y esto ocurre pese a que es la especialidad con mayor número de plazas, más de 2.500.

Dermatología y cirugía estética lideran la elección MIR

Conviene ser claro: no es un problema de vocación. Es un problema de incentivos, de condiciones, de prestigio profesional y de prestigio de la Atención Primaria. Los estudiantes no eligen en el vacío. Evalúan calidad de vida, carga asistencial, posibilidades de desarrollo profesional y reconocimiento social. Y en esos parámetros, la Atención Primaria sale perdiendo.

Esto desmonta un discurso simplista que insiste en apelar a la vocación. Como señalaba recientemente la prensa, “solo de la vocación no se come”.

La Medicina de Familia resuelve hasta el 90% de los problemas de salud de la población. Sin embargo, su valoración simbólica y profesional no se corresponde con ese peso real. Aquí hay una incoherencia estructural que el sistema lleva años sin corregir. SEMFYC ha sido clara en su diagnóstico. No basta con analizar vacantes. Hay que revisar el modelo formativo y organizativo.

Atención Primaria sigue perdiendo atractivo

Entre sus propuestas destacan tres líneas clave. Primero, reforzar la presencia de la Medicina de Familia en el grado. Hoy sigue siendo marginal en muchas facultades. Esto es un error estratégico. Lo que no se conoce, no se elige.

Segundo, promover una visión realista de la especialidad. No idealizada, pero tampoco distorsionada. La narrativa dominante penaliza la Atención Primaria. Tercero, actuar sobre las condiciones laborales. Sin cambios aquí, todo lo demás es cosmética.

No es un problema vocacional, es estructural

En esta misma línea, SEMERGEN ha insistido en medidas complementarias: mejorar la estabilidad contractual, reducir la sobrecarga asistencial y reforzar el papel clínico del médico de familia.

Pero hay que ir más allá. Mucho más allá. El problema no es solo la formación ni la comunicación. Es el diseño del modelo. La Atención Primaria sigue operando con agendas saturadas, escaso tiempo por paciente y limitada capacidad resolutiva en muchos contextos. Esto no es atractivo para ningún profesional altamente cualificado.

Además, existe una brecha creciente entre el discurso político y la realidad operativa. Se reconoce su centralidad, pero no se traduce en recursos ni en poder organizativo.

Mientras tanto, otras especialidades ofrecen mejores condiciones objetivas: menos presión asistencial, mayor previsibilidad y mayores ingresos potenciales, especialmente en el sector privado. El resultado es racional desde el punto de vista individual, pero disfuncional desde el punto de vista del sistema.

La pregunta clave es incómoda: ¿queremos realmente una Atención Primaria fuerte? Si la respuesta es sí, las medidas deben ser coherentes con ese objetivo. No basta con campañas como #ElijoMFYC. Son necesarias, pero claramente insuficientes.

Yo considero que hay que actuar en tres niveles. En el nivel formativo, integrar de forma estructural la Atención Primaria en el currículo. No como rotación secundaria, sino como eje central del modelo clínico. En el nivel profesional, redefinir su rol. Más capacidad diagnóstica, más acceso a tecnología y más autonomía clínica.

En el nivel organizativo, reducir la presión asistencial. Sin tiempo clínico, no hay medicina de calidad. Y, finalmente, en el nivel simbólico, revalorizar su prestigio. Esto no se decreta. Se construye con hechos.

La elección MIR es un espejo. Y lo que refleja no es una crisis de vocaciones. Es una crisis de modelo. Ignorar esto es seguir alimentando un problema que ya es estructural.

Finalmente, algunas recomendaciones:

  1. Reforma del grado de Medicina: incorporar la Atención Primaria como eje longitudinal obligatorio.
  2. Mejora real de condiciones laborales: agendas de 30 pacientes/día como máximo y tiempo clínico suficiente
  3. Refuerzo del rol clínico: acceso directo a pruebas y capacidad resolutiva ampliada.
  4. Incentivos económicos y profesionales: carrera profesional diferenciada y atractiva.
  5. Cambio narrativo basado en evidencia: visibilizar impacto real y resultados en salud.

Si no se actúa sobre estos cinco elementos, la situación no cambiará. Y el MIR seguirá diciendo lo mismo cada año.

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