Pablo Malo Segura
Gabriela Vázquez Vegas (fotografías)
La pandemia de la Covid-19 no solo puso a prueba la capacidad asistencial de los hospitales españoles, sino que actuó como un catalizador para una renovación tecnológica que el sistema demandaba desde hacía años. Una mesa de expertos organizada por iSanidad en colaboración con la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria, Fenin, ha analizado cómo los planes de renovación de equipos de alta tecnología Inveat y Amat-I han cambiado el panorama actual y puesto de manifiesto la importancia del mantenimiento regular del equipamiento tecnológico.


Esta inyección de fondos ha permitido que España deje de estar «a la cola de Europa» en ciertas familias tecnológicas, mejorando la obsolescencia del equipamiento. “La foto que tenemos hoy en día afortunadamente es bastante diferente a la de hace varios años. El mantenimiento es fundamental y supone el grueso de la gestión estratégica del equipamiento”, señala Alfredo Somolinos, subdirector de Gestión de Infraestructuras y Área Técnica del Hospital Clínico San Carlos (Madrid).
En esta línea, Manel Rodríguez, vicepresidente del Sector de Tecnologías y Sistemas de Información Clínica (Tysic) en Fenin, subraya que se ha mejorado bastante la obsolescencia del equipamiento. La compra del equipo es “solo el inicio” de un camino complejo. Mientras que la fase de adquisición e instalación puede durar meses, el ciclo de vida del producto se extiende entre los 10 y 12 años.
La compra del equipo es “solo el inicio”: el mantenimiento garantiza que la inversión tecnológica se traduzca en una prestación asistencial segura y continua
En este periodo el mantenimiento adquiere un papel esencial. Somolinos destaca que esta labor “ocupa entre un 60 y un 70% del tiempo y esfuerzo en el conjunto de toda la planificación estratégica”. No se trata simplemente de una partida presupuestaria de soporte, sino del mecanismo que garantiza que la inversión pública se traduzca en una prestación asistencial segura y continua.


“El mantenimiento es un foco de datos y de información. Es muy necesario y se le debería dar más importancia dentro de las instituciones sanitarias”, añade Rubén Aller, vocal de la Sociedad Española de Electromedicina e Ingeniería Clínica (Seeic). Además, aboga por valorar las necesidades concretas de cada hospital para definir de forma adecuada la planificación de renovación de equipamiento.
Incertidumbre por un marco regulatorio atomizado
Uno de los grandes desafíos del sector, según se ha expuesto, es la ausencia de una ley orgánica o específica que regule de forma nítida las competencias y estándares del mantenimiento. En este sentido, Rubén Aller señala que “la legislación no es clara con el mantenimiento y qué características debe tener«. Como consecuencia de ello, los profesionales deben navegar en un “puzle” de normativas.
En el nivel superior se encuentra el Reglamento Europeo 2017/745 y el Real Decreto 192/2023, pero estos textos se limitan a exigir que se cumplan las especificaciones del fabricante. Esta falta de concreción obliga a los centros a apoyarse en normas técnicas como la UNE 209001, para la gestión de talleres de electromedicina, o la UNE 62353, para seguridad eléctrica.


Manel Rodríguez explica que esta dispersión genera un escenario donde las responsabilidades están repartidas en un “triángulo” formado por el hospital, el fabricante y los prestadores de servicios. Según los expertos, el hospital es el responsable último de lo que sucede en sus instalaciones, mientras que el fabricante debe velar por la seguridad intrínseca del equipo y emitir alertas sanitarias cuando sea necesario. El problema surge en la figura del “tercero”, donde la responsabilidad no siempre está tan definida.
Este vacío llevó a Fenin a publicar la Guía de Buenas Prácticas de Mantenimiento de Tecnología Sanitaria para intentar armonizar este ecosistema. Este documento recoge las recomendaciones del Comité Europeo de Coordinación del Sector de Radiología, Electromedicina y Tecnologías Sanitarias (Cocir) y proporciona información valiosa sobre cómo llevar a cabo una correcta supervisión, revisión y mantenimiento de los equipos en su ciclo de vida (desde la instalación hasta su retirada y posibles actualizaciones), así como las interacciones entre la industria y los proveedores de estos servicios.
Los indicadores de calidad, los sistemas GMAO y la inteligencia artificial abren la puerta a un mantenimiento más predictivo, eficiente y orientado a evitar paradas
Los expertos apuntan que esta nueva etapa exige una gestión del mantenimiento más apoyada en datos. La definición de indicadores de calidad del mantenimiento, como la disponibilidad de los equipos o los tiempos de respuesta y resolución, permite medir mejor el impacto real de una avería sobre la actividad asistencial. A su vez, la evolución de los sistemas GMAO, la conectividad de los equipos y la inteligencia artificial (IA) están abriendo la puerta a modelos de mantenimiento predictivo, orientados a anticipar fallos y programar intervenciones antes de que una parada afecte al funcionamiento del centro.
Hacia el contrato de servicios evolutivo
La evolución técnica de los equipos, donde el hardware se mantiene estable pero el software progresa de forma vertiginosa, está provocando un cambio en la contratación pública. Somolinos considera que un contrato de suministro puro ya no encaja en la realidad actual. En su lugar, se están imponiendo los contratos mixtos o de servicios que permiten “mantener el nivel tecnológico casi al 100% más años mediante actualizaciones continuas y upgrades de software”.
Este enfoque no solo alarga la vida útil, sino que transforma la relación con la industria. Los expertos abogan por pasar de comprar máquinas a comprar “disponibilidad” o “procesos asistenciales”. Para Rubén Aller, el mantenimiento debe de estar “centrado en la necesidad concreta de cada paciente”, adaptándose a si el equipo está en un ambulatorio con jornada partida o en una unidad de urgencias 24/7, donde el desgaste es exponencialmente mayor.
Finalmente, los expertos coinciden en que la planificación del mantenimiento debe funcionar como una herramienta de gestión que permite prever cuándo un equipo llegará a su obsolescencia clínica o técnica, facilitando una reposición ordenada y basada en datos reales.





