Es un hito clínico para esta enfermedad

Gema Maldonado Cantero
Encontrarse con un paciente con nefropatía por IgA en la consulta de nefrología era, hasta hace poco, sinónimo de no poder proporcionarle un tratamiento específico para su enfermedad, y tener que tirar de medicamentos de «soporte» y recomendaciones de estilo de vida: dieta baja en sal, control de factores de riesgo cardiovascular y ejercicio. Esta enfermedad autoinmune y poco frecuente que afecta a población muy joven y que puede llevar en pocos años a una insuficiencia renal crónica que requiere de diálisis o de trasplante de riñón, no tenía un medicamento específico capaz de incidir en su progresión y en su fisiopatología.

Los antihipertensivos, inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA), trataban de controlar la proteinuria, uno de los principales marcadores de daño renal y de pronóstico de esta enfermedad. Más recientemente se sumaron los antidiabéticos inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2 (iSGLT2). Con los pacientes en los que este soporte no funcionaba y la enfermedad progresaba rápido, utilizaban inmunosupresores «con ensayos con poca evidencia para retrasar la enfermedad y grandes efectos adversos», recordaba este lunes la Dra. María Ángeles Goicoechea, jefa del Servicio de Nefrología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.

Esparsentán ha demostrado en ensayo clínico que ralentiza el deterioro de la función renal en pacientes con nefropatía por IgA durante dos años en comparación con el tratamiento estándar

El abordaje de la nefropatía por IgA, que se calcula que puede afectar a más de 16.000 personas en España, está llamado al cambio con la entrada en la prestación farmacéutica de un nuevo tratamiento, desarrollado para tratar esta enfermedad y el primero no inmunosupresor aprobado en Europa para esta indicación, según destaca la compañía CSL, biofarmacéutica que lo desarrolla y comercializa. Se llama esparsentán (Filspari) y ha demostrado en ensayo clínico su capacidad para ralentizar el deterioro de la función renal durante dos años en comparación con el tratamiento estándar.

«Es un hito clínico para esta enfermedad», aseguraba la Dra. Goicoechea durante la presentación del fármaco, «retrasamos que el paciente entre en diálisis, que es el objetivo primordial para población joven, para las que supone un cambio de vida radical, además de menos costes hospitalarios, menos ingresos, menso carga emocional y laboral y una mayor autonomía y calidad de vida». Es, por tanto, «capaz de modificar la historia natural de la enfermedad», ha aseverado.

Dra. Goicoechea: «Retrasamos que el paciente entre en diálisis, que es el objetivo primordial para población joven, para las que supone un cambio de vida radical»

¿Qué hace el fármaco sobre la nefropatía IgA?

Los pacientes que viven con esta patología rara y los nefrólogos que lidian con ella se encuentra un enemigo clave: el silencio con el que es capaz de progresar hasta su fase más grave. «Es la causa más frecuente de necesitar tratamiento renal sustitutivo en pacientes menores de 40 años», ha apuntado la Dra. Antolina Rodríguez Moreno, adjunta del Servicio de Nefrología del Hospital Clínico San Carlos.

Solo en una de sus formas clínicas «que no es la más frecuente», pueden detectarla en adolescentes, que llegan «con una infección respiratoria y que orinan sangre». Pero, en general, cursa sin síntomas y «más del 60% de los pacientes que vemos en consulta ya tienen insuficiencia renal establecida y vamos tarde con los tratamientos», lamenta la experta del Clínico San Carlos. La progresión puede estabilizarse con los tratamientos de soporte y estilo de vida, pero en una proporción significativa, nada de esto funciona. «De cada cuatro diagnósticos uno acaba en un plazo de cuatro o cinco años en insuficiencia renal crónica terminal», ha apuntado.

«De cada cuatro diagnósticos de nefropatía por IgA uno acaba en en un plazo de cuatro o cinco años en insuficiencia renal crónica terminal»

En esta patología, la más común de la familia de glomerulopatías primarias o autoinmunes, se genera una inmunoglobulina A de forma «inadecuada», lo que genera la enfermedad. Este anticuerpo que actúa como primer escudo de seguridad frente a microorganismos en las mucosas no es reconocido por el sistema inmune que genera autoanticuerpos frente a esa IgA aberrante y provoca la formación de inmunocomplejos que «acaban depositándose en el riñón» y generan «inflamación y daño renal crónico». Sus manifestaciones son la proteinuria y la hematuria en orina y la insuficiencia renal progresiva.

Lo que hace esparsentán es combinar el antagonista del receptor de endotelina tipo A (ETA) y bloquea el receptor de angiotensina II tipo 1 (AT1) con un mecanismo de acción «dual y único» que «reduce la presión intraglomerular, la inflamación y la fibrosis, los tres procesos clave en la progresión de la nefropatía por IgA», ha explicado la Dra. Goicoechea. Lo que ha visto en ensayos clínicos es que consigue disminuir la proteinuria «de forma muy rápida e importante, con casi un 50% de reducción».

Esparsentán «reduce la presión intraglomerular, la inflamación y la fibrosis, los tres procesos clave en la progresión de la nefropatía por IgA»

No todos los pacientes diagnosticados podrán beneficiarse del nuevo tratamiento. La indicación aprobada el pasado 25 de febrero en la Comisión Interministerial de Precios del SNS, después de revisar las alegaciones que presentó CSL tras un primer rechazo el 25 de diciembre, implica restricciones.

Se financia para los pacientes adultos que tengan confirmación de la enfermedad por biopsia y presenten un alto riesgo de progresión de la enfermedad con una excreción de proteína mayor o igual a un gramo al día y una tasa de filtración glomerular estimada mayor o igual a 30. Aunque el registro nacional de pacientes con esta patología no es obligatorio y, por tanto, no están todos los casos y todos los datos registrados, la compañía cree que su medicamento podría llegar a unos 6.000 casos.

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